El Evangelio según san Mateo relata cuatro sueños de san José. En cada uno, un ángel le comunica una orientación concreta. Mateo no presenta una colección de símbolos que José deba descifrar, sino mensajes que requieren una respuesta obediente.
Primer sueño: recibir a María
José descubre que María está encinta antes de vivir juntos. Como hombre justo, decide repudiarla en secreto para no exponerla públicamente. Durante el sueño, un ángel le dice que no tema recibir a María como esposa, porque el hijo concebido en ella procede del Espíritu Santo. El ángel también le ordena poner al niño el nombre de Jesús, «porque él salvará a su pueblo de sus pecados».
Este primer sueño revela a José su participación en el misterio de la encarnación. La comunicación no le convierte en padre biológico de Jesús, pero sí confirma su misión como esposo de María y padre legal del niño. Al imponer el nombre, José ejerce una función jurídica y familiar dentro del pueblo de Israel.
Su respuesta resulta inmediata: al despertar, hace lo que el ángel le ha mandado. El Evangelio concentra la caracterización de José en sus actos, no en discursos. La obediencia protege a María y permite que Jesús sea acogido legalmente en la casa de David.
Segundo sueño: huir a Egipto
Después del nacimiento de Jesús, un ángel advierte a José en sueños del peligro que representa Herodes. Le ordena levantarse, tomar al niño y a su madre, huir a Egipto y permanecer allí hasta recibir nuevas instrucciones. José obedece durante la noche y emprende el viaje.
El segundo sueño presenta a José como custodio de una vida amenazada. La revelación no elimina la dificultad: la familia debe abandonar su tierra, afrontar un desplazamiento y vivir como extranjera. La obediencia de José adopta una forma concreta y arriesgada.
La huida a Egipto vincula el relato de la infancia de Jesús con la historia de Israel. Mateo presenta a Jesús como el Hijo cuya vida recorre y lleva a plenitud la historia del pueblo elegido. José participa en esa historia mediante la protección silenciosa del niño.
Tercer sueño: regresar a Israel
Tras la muerte de Herodes, un ángel comunica a José que puede regresar a la tierra de Israel. José vuelve a levantarse, toma al niño y a su madre, y emprende el retorno.
El tercer sueño muestra que la obediencia de José incluye tanto marcharse como regresar. No actúa según una iniciativa impulsiva, sino que espera la orientación divina. Su misión exige vigilancia, paciencia y disponibilidad.
Cuarto sueño: establecerse en Nazaret
Durante el regreso, José tiene miedo de dirigirse a Judea porque Arquelao gobierna allí en lugar de Herodes. Después de recibir una nueva advertencia en sueños, marcha a Galilea y fija su residencia en Nazaret.
El cuarto sueño completa el itinerario de la familia. Nazaret se convierte en el lugar donde Jesús crecerá durante los años ocultos de su vida. La decisión de José no responde a comodidad personal, sino a la protección del niño dentro de las circunstancias políticas de la época.