El sujeto de la acción moral
El sujeto de la acción es el agente humano, dotado de libertad e inteligencia, que elige deliberadamente. Reside en él la intención, que surge de la voluntad como movimiento hacia el bien apetecido. Según la tradición católica, el sujeto no es un mero ejecutor pasivo, sino el principio voluntario que determina la acción por su fin último.3
La persona actúa como ser racional, capaz de discernir el bien verdadero mediante la razón iluminada por la fe. Santo Tomás de Aquino enfatiza que la bondad moral del sujeto depende de su conformidad con la ley eterna, conocida por la razón natural y la Revelación.4 Sin un sujeto libre y consciente, no hay acción imputable moralmente.
El objeto de la acción
El objeto es aquello hacia lo que la voluntad se dirige deliberadamente, constituyendo la materia próxima de la acción y definiendo su especie moral. No se trata de un mero suceso físico, sino de un bien (o mal) reconocido por la razón como conforme o no al orden moral objetivo.5
En palabras del Catecismo: «El objeto elegido es un bien hacia el que la voluntad se dirige deliberadamente. Es lo que determina moralmente el acto de la voluntad, en cuanto la razón lo reconoce y juzga conforme o no al bien verdadero».5 Por ejemplo, tomar lo ajeno sin derecho es un objeto intrínsecamente malo, que da al acto la especie de robo, independientemente de otras consideraciones.6
Santo Tomás explica que, al igual que la forma específica en los seres naturales, el objeto confiere al acto su bondad primaria: «La bondad primaria de la acción moral se deriva de su objeto conveniente».6 Actos como el homicidio o la fornicación son siempre ilícitos por su objeto, pues implican un desorden de la voluntad.2
El fin o intención de la acción
El fin (o intención) es el propósito primero que mueve la voluntad, el bien anticipado de la acción. Puede guiar actos individuales o toda la vida hacia el fin último, Dios.3
El Catecismo distingue: «A diferencia del objeto, la intención reside en el sujeto agente. Porque se encuentra en la fuente voluntaria de la acción y la determina por su fin, la intención es un elemento esencial en la valoración moral de la acción».3 Un servicio puede tener como fin ayudar al prójimo o, simultáneamente, vanagloriarse.3
Sin embargo, un fin bueno no justifica un objeto malo: «Un fin malo corrompe la acción, aunque el objeto sea bueno en sí».2 La intención ordena la acción al bien, pero no altera su especie primaria definida por el objeto.7
