La Summa contra gentiles consta de cuatro libros. Su organización sigue una secuencia doctrinal: Dios en sí mismo, lo que procede de Dios, el gobierno divino y el fin de las criaturas, y, por último, las verdades que solo conocemos mediante la Revelación. El recorrido no divide la fe y la razón en compartimentos incomunicados; distingue qué puede alcanzar cada una y cómo se relacionan.,
Libro I: Dios en sí mismo
El primer libro estudia a Dios en sí mismo. Tomás trata de la existencia y la naturaleza divina mediante argumentos dirigidos a la razón natural. En consonancia con el propósito general de la obra, no solo presenta una doctrina: también aborda errores sobre Dios y procura mostrar por qué las objeciones contra la verdad no resultan concluyentes.,
En esta parte, el método parte de lo que el interlocutor puede considerar mediante la razón. El recurso a razonamientos filosóficos -incluidos los vinculados a la tradición aristotélica- ayuda a hacer inteligible la afirmación de que Dios es el primer principio, sin exigir desde el comienzo la aceptación de la autoridad bíblica.
Libro II: Dios como creador
El segundo libro se ocupa de las criaturas en cuanto proceden de Dios. El tema central es la causalidad divina y la relación entre Dios y cuanto existe. Este paso continúa el orden teológico de la obra: después de considerar a Dios, Tomás trata aquello que tiene en él su principio.
La exposición aborda, además, realidades cuya existencia concreta pertenece al ámbito de la fe, como los ángeles. En esos casos, la razón puede explorar la conveniencia de ciertas afirmaciones, pero no por ello demuestra que Dios haya creado libremente una realidad determinada. La exposición tomista busca mostrar la armonía entre lo revelado y la razón, sin convertir toda doctrina cristiana en una conclusión demostrable por la filosofía.
Libro III: providencia, gobierno y fin último
El tercer libro considera a las criaturas bajo el gobierno de Dios y en relación con su fin. Tomás reflexiona sobre la providencia divina, la acción moral y el destino de la criatura racional. En el centro de esta orientación aparece la bienaventuranza humana y la visión de Dios como fin último, una cuestión que rebasa lo que los filósofos pueden conocer plenamente mediante la investigación natural.,
Este libro muestra que la argumentación racional no siempre tiene la misma fuerza. Tomás emplea tanto razones demostrativas como razones probables: no presenta cada argumento como una demostración estricta. La razón puede contribuir a defender la fe y mostrar la coherencia de una doctrina sin probar por sí sola todos los contenidos que la fe enseña.,
La inclusión de temas sobrenaturales entre los libros que recurren ampliamente a la razón responde, en parte, a la intención apologética del tratado. Tomás puede exponer una verdad revelada y mostrar su consonancia con argumentos racionales sin afirmar que la razón natural, por sus propias fuerzas, descubra todo el contenido de esa verdad. Por eso, la disposición de los temas no equivale a una división rígida entre verdades exclusivamente racionales en los tres primeros libros y verdades exclusivamente reveladas en el cuarto.,,
Libro IV: los misterios de la fe
El cuarto libro trata las verdades que exceden la capacidad de la razón natural. Su materia incluye la Trinidad, la Encarnación y otras doctrinas conocidas por la Revelación. Tomás cambia aquí el modo de proceder: parte de los principios transmitidos por la fe y responde a las objeciones que los contradicen. La razón puede ayudar a aclarar y defender esas verdades, pero no puede demostrarlas como demuestra una conclusión a partir de principios naturalmente conocidos.
La distinción es decisiva. Ante un misterio, una demostración metafísica estricta no puede establecer por sí sola que el misterio sea verdadero, pues la razón no alcanza naturalmente su contenido. Sí puede mostrar que la doctrina no implica una contradicción y puede responder a los argumentos que pretenden refutarla. También puede proponer razones de conveniencia: argumentos que muestran la consonancia, adecuación o coherencia interna de una verdad revelada, sin demostrarla de forma necesaria.,
Las razones de conveniencia cumplen una función distinta de la demostración. No sirven para presentar la Trinidad, por ejemplo, como una conclusión alcanzada por la metafísica al margen de la fe; ayudan a comprender cómo los misterios cristianos se relacionan entre sí y cómo la fe ofrece una visión coherente de la acción de Dios. El libro IV recurre también a argumentos de autoridad, en particular a la enseñanza de la Escritura, que para el creyente constituye un principio recibido por la fe.,
Tomás no confunde, por tanto, la defensa racional de una verdad con su demostración. En los misterios revelados, la razón no sustituye a la fe ni produce una prueba que obligue a reconocerlos como una conclusión de la filosofía. Su tarea consiste en mostrar que creerlos no equivale a aceptar un absurdo y en hacer más inteligible su contenido para quien ya recibe la Revelación.