La Summa Theologiae surgió en un contexto de renovación intelectual en la Europa medieval, marcado por la recuperación de los textos aristotélicos y el auge de las universidades. Santo Tomás de Aquino (1225-1274), fraile dominico y maestro en la Universidad de París, inició su redacción alrededor de 1265 en Roma, donde dirigía un studium para su orden. Previamente, había comentado las Sententias de Pedro Lombardo, pero optó por abandonar esa tradición lectiva para crear una obra original adaptada a los principiantes en teología, evitando el desorden de los textos acumulados.4,5
Tomás concibió la Summa como una enseñanza ordenada para superar las limitaciones de los comentarios bíblicos y sentenciarios, que seguían el orden de los libros en lugar del ordo disciplinae. La compuso en etapas: la Prima Pars en Orvieto y Roma (1265-1268), la Prima Secundae y parte de la Secunda Secundae en París (1269-1272), y la Tertia Pars en Nápoles hasta su muerte en 1274. A pesar de quedar incompleta —faltaban tratados sobre los sacramentos finales y la escatología—, su hermano Reginaldo de Piperno la compiló póstumamente.6,5,7
El santo mismo la describió en el prólogo como una exposición de la sacra doctrina, ciencia subalterna de la Revelación, destinada a formar a los estudiantes en la verdad católica.8
