La disciplina sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma del Concilio Vaticano II fue evolucionando a lo largo de varias décadas antes de la publicación de Summorum Pontificum1,4.
La Reforma Litúrgica del Vaticano II
El Concilio Vaticano II expresó el deseo de que el respeto y la reverencia debidos al culto divino fueran renovados y adaptados a las necesidades de la época1. En respuesta a este deseo, el Papa Pablo VI aprobó libros litúrgicos revisados y en parte renovados para la Iglesia Latina en 1970, que fueron recibidos con agrado por los obispos, sacerdotes y fieles laicos en todo el mundo1. El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión normal y ordinaria de la lex orandi del Rito Latino1,2.
El Indulto y Ecclesia Dei
A pesar de la amplia aceptación de los nuevos libros litúrgicos, un número significativo de fieles continuó apegado a las formas litúrgicas anteriores que habían moldeado profundamente su cultura y espíritu1.
Indulto de 1984 (Quattuor Abhinc Annos): Preocupado por la atención pastoral de estos fieles, el Papa Juan Pablo II concedió la facultad de utilizar el Misal Romano de 1962 a través de un indulto especial de la Congregación para el Culto Divino en 19841,4.
Motu Proprio Ecclesia Dei (1988): En 1988, Juan Pablo II, con el Motu Proprio Ecclesia Dei, exhortó a los obispos a hacer un uso amplio y generoso de esta facultad en beneficio de todos los fieles que lo solicitaran1,4. Este documento surgió en parte para ayudar a la Sociedad de San Pío X a recuperar la plena unidad con el Sucesor de Pedro y para sanar una herida2,4. Sin embargo, el documento de 1988 no contenía prescripciones detalladas, sino que apelaba a la respuesta generosa de los obispos2.
La Necesidad de una Regulación Jurídica más Clara
Con el tiempo, se hizo evidente que la presunción inicial de que las solicitudes para el uso del Misal de 1962 se limitarían a la generación mayor era incorrecta, ya que jóvenes también descubrieron esta forma litúrgica, se sintieron atraídos por ella y encontraron en ella una forma de encuentro con el Misterio de la Santísima Eucaristía, particularmente adecuada para ellos2,5,4. Esta realidad, junto con las dificultades que persistían en el uso del Misal de 1962 fuera de los grupos ya establecidos debido a la falta de normas jurídicas precisas, hizo necesaria una regulación jurídica más clara2,4.
