Superior general
El superior general gobierna todo el instituto conforme al derecho universal y al derecho propio. Preside la unidad de la congregación, promueve la fidelidad al carisma, coordina las provincias y representa al instituto ante la autoridad eclesiástica cuando corresponde.
Su responsabilidad abarca especialmente:
- La interpretación práctica del carisma.
- La coordinación de las circunscripciones.
- La protección de la comunión interna.
- La orientación de la formación.
- La promoción de nuevas iniciativas apostólicas.
- La relación institucional con la Santa Sede y los obispos.
Las constituciones determinan el modo de elección, la duración del mandato, las competencias y la colaboración con el consejo general.
Superior provincial o de una circunscripción
El superior provincial gobierna una provincia, región o circunscripción semejante. Aplica las orientaciones del instituto a una realidad concreta y mantiene la comunicación entre las comunidades locales y el gobierno general.
Entre sus tareas figuran la visita de las comunidades, el acompañamiento de los miembros, la coordinación de las obras y la aplicación de las decisiones capitulares y del gobierno general.
Superior local
El superior local anima una casa, convento, monasterio, residencia o comunidad. Su función posee una dimensión particularmente cotidiana y pastoral.
Debe cuidar:
- La oración y la liturgia comunitarias.
- La observancia de la regla.
- La fraternidad.
- La distribución ordenada del trabajo.
- La atención a los miembros enfermos o vulnerables.
- La acogida de visitantes.
- La comunicación con los superiores mayores.
La cercanía constituye una característica esencial de este servicio. El superior local conoce la vida concreta de la comunidad y ayuda a transformar las normas generales en prácticas coherentes con el Evangelio.
Abades y priores
En las órdenes monásticas, los abades y priores ejercen la autoridad conforme a la tradición propia de cada familia religiosa. El abad suele presidir una abadía autónoma, mientras que el prior puede gobernar una comunidad dependiente o desempeñar una función determinada por las constituciones.
La tradición monástica contempla al superior como padre o guía espiritual de la comunidad, aunque esta paternidad no autoriza comportamientos arbitrarios ni sustituye el respeto debido a la conciencia, la dignidad y los derechos de los monjes o monjas.
Superioras religiosas
Las mujeres consagradas ejercen responsabilidades de gobierno en monasterios, congregaciones, institutos y otras formas de vida consagrada. Las denominaciones incluyen superiora general, provincial, local, priora y abadesa.
La naturaleza del servicio de autoridad no cambia por razón del sexo: exige discernimiento, fidelidad al carisma, capacidad de gobierno, madurez espiritual, respeto por las personas y comunión con la Iglesia.