Idolatría
La idolatría consiste en rendir a una criatura el honor que corresponde a Dios. Puede afectar a personas, animales, astros, estatuas, objetos, fuerzas naturales o cualquier realidad creada. La tradición cristiana condena tanto la adoración directa de criaturas como la atribución de una soberanía absoluta sobre la vida humana.,
La idolatría no exige siempre una estatua o un templo. También puede aparecer cuando el dinero, el poder, la fama, la salud, la nación, la ideología o el éxito ocupan en la existencia el lugar reservado a Dios. La superstición añade con frecuencia una pretensión religiosa: convierte una realidad limitada en garantía de salvación, protección o conocimiento sobrenatural.
Adivinación
La adivinación busca conocer acontecimientos futuros o realidades ocultas mediante medios que no proporcionan un conocimiento racional o revelado. Entre sus formas tradicionales figuran la astrología adivinatoria, la consulta de sueños como guía infalible, la cartomancia, los médiums, los espiritistas, la quiromancia y diversas prácticas de sortilegio.
La tradición católica considera ilícita la búsqueda de información oculta mediante un pacto explícito o implícito con poderes demoníacos. También rechaza la pretensión de que los astros gobiernen la libertad humana. Santo Tomás de Aquino relaciona la adivinación y la astrología determinista con una falsa atribución de dominio sobre el alma humana a los cuerpos celestes.
No toda observación de la naturaleza equivale a adivinación. El estudio científico del clima, de la salud o de los fenómenos astronómicos busca causas naturales y comprobables. La astrología adivinatoria, en cambio, pretende deducir el destino personal o las decisiones libres a partir de la posición de los astros.
Magia
La magia pretende producir efectos extraordinarios mediante fórmulas, objetos, invocaciones o técnicas ocultas. Su rasgo característico consiste en intentar utilizar un poder sobrenatural como si estuviera sometido a la voluntad humana.
La magia puede presentarse como magia «blanca» o «protectora», pero la etiqueta no modifica su naturaleza cuando la persona atribuye eficacia sobrenatural a un procedimiento sin fundamento. La tradición católica incluye la magia entre las formas graves de superstición, junto con la idolatría, la adivinación y la vana observancia.
Vana observancia
La vana observancia atribuye una eficacia desproporcionada a determinados gestos, números, posiciones, palabras, colores, fórmulas o circunstancias. El problema no radica siempre en el objeto material, sino en la relación falsa que la persona establece entre el medio y el efecto.
Ejemplos de vana observancia incluyen:
- Repetir una oración con una postura concreta creyendo que así adquiere eficacia automática.
- Utilizar un número determinado de velas como condición indispensable para obtener una gracia.
- Pronunciar palabras religiosas junto con fórmulas arbitrarias para curar una enfermedad.
- Llevar un objeto como garantía infalible contra accidentes o desgracias.
- Consultar signos casuales para tomar decisiones importantes.
- Atribuir poderes sobrenaturales a colores, fechas, números o animales.
Alfonso María de Ligorio describe como vana observancia el uso de un medio inadecuado para obtener un efecto, especialmente cuando la persona atribuye eficacia segura a determinadas figuras, ceremonias, signos u oraciones pronunciadas en circunstancias fijadas arbitrariamente.