La tradición católica agrupa las supersticiones en varias categorías. Entre las más relevantes figuran la idolatría, la adivinación, la magia y las observancias vanas. Estas categorías describen conductas distintas, aunque en la práctica pueden mezclarse.
Idolatría
La idolatría atribuye a una criatura el honor debido a Dios. Puede dirigirse a una imagen considerada divina, a un ser humano, a un animal, a un astro o a una fuerza de la naturaleza. El criterio decisivo no es la presencia de una imagen o de un objeto, sino el tipo de confianza y de culto que la persona deposita en ellos.
La veneración católica de imágenes no equivale a la idolatría. La Iglesia enseña que una imagen sagrada no posee divinidad ni poder propio: el honor que recibe remite a Cristo o al santo representado. La imagen, por tanto, no es un dios ni un instrumento que obligue a Dios a conceder una petición.,
Adivinación
La adivinación intenta obtener un conocimiento oculto -en particular, sobre el futuro- mediante señales, ritos o poderes distintos de la confianza en Dios. La tradición católica distingue entre pretender conocer acontecimientos futuros que dependen de la libertad humana y formular previsiones basadas en indicios naturales. No son equivalentes, por ejemplo, una predicción meteorológica sustentada en observaciones y una práctica que atribuye a los astros la capacidad de revelar infaliblemente el destino personal.,
Entre las prácticas históricamente asociadas a la adivinación figuran la astrología entendida como lectura del destino, la quiromancia, la interpretación de cartas o sueños, la consulta de presagios y la evocación de los muertos. La enumeración describe ejemplos conocidos en distintas épocas; no implica que todas las culturas los practicaran de la misma manera.,
Magia y observancias vanas
La magia, en el sentido moral considerado aquí, busca producir efectos extraordinarios mediante procedimientos o poderes que no proceden de Dios. La superstición también aparece cuando alguien utiliza un medio desproporcionado para alcanzar un resultado -por ejemplo, una fórmula o ceremonia a la que atribuye eficacia automática- o confía en un objeto como garantía de salud, protección o éxito.,,
El discernimiento no depende solo de la apariencia externa del gesto. Una oración puede expresar una petición confiada a Dios; se vuelve supersticiosa cuando se trata como una fórmula infalible que produce un resultado por sí misma. Del mismo modo, un objeto religioso puede recordar la fe y orientar la devoción, pero no debe considerarse un talismán dotado de poder autónomo.,