Influencia de los monarcas borbónicos y la presión política
A finales del siglo XVIII, los monarcas de Francia, España, Portugal y las Dos Sicilias ejercieron una presión constante sobre la Santa Sede para que la Compañía de Jesús fuera disuelta. Estos reinos consideraban a los jesuitas como un obstáculo a su autoridad, acusándolos de interferir en asuntos políticos y de poseer un poder económico excesivo1. La expulsión de los jesuitas de Francia (1764), España (1767) y Portugal (1759) precedió a la decisión papal, y la creciente hostilidad de los Borbones se manifestó en la exigencia de «el extremo remedio» contra los supuestos males que la orden provocaba2.
Motivos eclesiásticos expuestos por Clemente XIV
En la breve Dominus ac Redemptor el Papa argumenta que, pese a los numerosos intentos de sus predecesores por reformar la orden, los conflictos y acusaciones contra los jesuitas continuaban sin resolverse, poniendo en peligro la paz de la Iglesia3. Clemente XIV sostiene que la sociedad ya no podía producir los «abundantes frutos» para los que fue fundada y que su existencia impedía la verdadera tranquilidad de la cristiandad4.
