La Compañía de Jesús en la Europa del siglo XVIII
Durante más de dos siglos, la Compañía de Jesús había alcanzado una posición central en la vida católica europea. Sus miembros dirigían colegios, universidades, misiones, seminarios y parroquias, además de ejercer una notable influencia en la teología, la predicación y la formación de las élites. El brusco paso desde esa situación de prestigio a la expulsión y supresión constituye uno de los episodios más complejos de la historia moderna de la Iglesia.1
La orden también actuaba como defensora de la autoridad pontificia frente a diversas corrientes eclesiológicas que pretendían ampliar el poder de los soberanos sobre la Iglesia. Teólogos jesuitas combatieron especialmente el galicanismo, que favorecía una mayor autonomía de la Iglesia francesa, y el josefinismo, que sometía amplios ámbitos de la vida eclesiástica a la autoridad imperial.2
Esta posición convirtió a la Compañía en un obstáculo para los gobiernos que aspiraban a controlar directamente la enseñanza, los bienes eclesiásticos, el nombramiento de obispos y la organización del clero. En España, durante los reinados de Carlos III y Carlos IV, las tendencias regalistas y antijesuíticas influyeron en la política eclesiástica de la Corona.3
Regalismo e Ilustración católica
El regalismo defendía la ampliación de las prerrogativas del monarca sobre los asuntos eclesiásticos dentro de sus dominios. No todos los regalistas rechazaban la fe católica ni pretendían romper con Roma. Muchos aspiraban a una Iglesia nacional más dependiente del soberano y menos sometida a la Curia romana. Las corrientes antirromanas de la época pasaron de reclamar una Iglesia nacional dentro de la comunión católica a cuestionar, en algunos ambientes, la propia concentración de autoridad en la Santa Sede.3
La Ilustración católica constituyó un fenómeno más amplio y ambiguo. Algunos católicos ilustrados buscaban reformar la disciplina eclesiástica, mejorar la educación y limitar abusos administrativos sin abandonar la doctrina católica. Otros sectores, influidos por el jansenismo, el regalismo, el enciclopedismo o el racionalismo, consideraban que las órdenes religiosas -y especialmente la Compañía de Jesús- representaban una estructura excesivamente autónoma frente al Estado.
La supresión nació de la convergencia de varias fuerzas: el absolutismo monárquico, la hostilidad hacia los privilegios corporativos, la crítica ilustrada a las órdenes religiosas, las controversias teológicas y la oposición política de ministros que deseaban reducir la influencia de Roma. En Francia confluyeron el jansenismo, el librepensamiento y la impaciencia ante el orden tradicional; en otros territorios tuvo mayor peso la acción directa de ministros absolutistas.1


