Diferencias de traducción
La Biblia llegó hasta los lectores actuales a través de lenguas antiguas -principalmente hebreo, arameo y griego- y mediante numerosas copias manuscritas. Una traducción puede escoger un término distinto, interpretar de forma diferente una expresión ambigua o reflejar una variante textual.
Las cifras constituyen un caso particularmente delicado. En los textos antiguos, los números podían transmitirse mediante letras, signos abreviados o sistemas gráficos vulnerables a errores de copia. La tradición exegética católica ha considerado, por ejemplo, que algunas diferencias numéricas entre relatos paralelos podrían proceder de la pérdida o alteración de signos en la transmisión hebrea. Entre los casos tradicionalmente estudiados figuran la edad y duración del reinado de Saúl, así como el número de establos atribuidos a Salomón en 1 Reyes 4,26 y 2 Crónicas 9,25.
Una discrepancia numérica, por tanto, no demuestra automáticamente una contradicción del autor bíblico. Antes conviene comparar manuscritos, traducciones antiguas, contexto literario y prácticas de transmisión de la época.
Diferencias de vocabulario
Una misma palabra puede adquirir sentidos distintos según el contexto. La lengua bíblica no utiliza siempre un término con una definición fija y moderna.
La palabra «tentar», por ejemplo, puede referirse en Génesis 22,1 a una prueba que Dios permite para manifestar la fidelidad de Abrahán, mientras que Santiago 1,13 habla de una tentación orientada al mal, que no procede de Dios. Los dos pasajes no tratan la acción divina en el mismo sentido.
Algo semejante ocurre con «fe» y «obras». San Pablo combate la pretensión de alcanzar la justificación mediante las obras de la Ley entendidas como distintivo de pertenencia al antiguo orden; Santiago critica una fe meramente verbal, sin obras de caridad. La oposición desaparece cuando cada autor conserva el sentido específico de sus términos y de su controversia.
La tradición católica lee ambos aspectos de manera complementaria: la salvación procede de la gracia de Dios recibida en la fe, y la fe auténtica actúa mediante la caridad y transforma la vida.
Lenguaje figurado y lenguaje literal
La Biblia utiliza metáforas, hipérboles, imágenes poéticas, antropomorfismos y expresiones simbólicas. Una lectura que convierta cada frase figurada en una afirmación literal puede fabricar contradicciones inexistentes.
Cuando Jesús afirma que quien no le «odia» no puede ser discípulo suyo -Lucas 14,26-, no manda aborrecer a los padres. El contexto y el modo semítico de hablar expresan una preferencia radical por Cristo frente a cualquier vínculo humano. El mandamiento que ordena honrar al padre y a la madre permanece vigente. La tradición exegética católica distingue aquí entre el uso hiperbólico de «odiar» y el odio moral condenado por la Ley.
También los profetas emplean imágenes que no pretenden ofrecer descripciones técnicas. Sus visiones pueden reunir en una sola escena acontecimientos separados en el tiempo o presentar mediante símbolos realidades históricas y escatológicas.
Diferencias de orden narrativo
Los autores bíblicos no siempre ordenan los acontecimientos según una cronología estricta. En ocasiones agrupan episodios por tema, contraste, importancia teológica o relación literaria.
La tradición exegética ha aplicado este criterio a algunos pasajes relativos a David. En 1 Samuel 16, David aparece en la corte de Saúl como músico; en el capítulo siguiente aparece como joven que todavía no ocupa una posición estable junto al rey y derrota a Goliat. Una posible explicación sitúa el episodio de 1 Samuel 16 fuera de su orden cronológico estricto o reconoce la utilización de tradiciones diferentes reunidas por el redactor. El propósito literario puede consistir en contraponer a Saúl, abandonado por el espíritu del Señor, y a David, elegido y sostenido por Dios.
Una narración compendiada tampoco tiene que incluir todos los pasos intermedios. Un relato puede presentar el resultado de una acción y otro describir el proceso.
Relatos paralelos y relatos diferentes
Dos narraciones que comparten personajes o situaciones no tienen necesariamente que referirse al mismo episodio.
La exégesis católica tradicional diferencia, entre otros casos:
- Las tres estancias de los patriarcas en territorios extranjeros: Génesis 12, Génesis 20 y Génesis 26.
- La curación del criado del centurión en Mateo 8 y la curación del hijo de un funcionario real en Juan 4.
- Las dos multiplicaciones de los panes en Mateo 14 y Mateo 15.
- La expulsión de los vendedores del templo al comienzo del Evangelio de Juan y el episodio situado al final de los Evangelios sinópticos.
- Las distintas escenas de la unción de Jesús, que pueden corresponder a personas, lugares y momentos diferentes.
La existencia de detalles parecidos no basta para identificar dos episodios. El contexto, los personajes, el lugar, la finalidad narrativa y la secuencia general pueden revelar que los autores hablan de acontecimientos distintos.