El tabaquismo puede entenderse como un patrón estable de consumo (cigarrillos, tabaco de liar y otras formas) que genera dependencia y condiciona la conducta. Esta dependencia suele integrar dos dimensiones inseparables:
Dependencia física, ligada a sustancias presentes en el tabaco.
Dependencia psicológica y conductual, que se expresa en hábitos, rituales, ansiedad o dificultad para sostener el esfuerzo de abstinencia.
La perspectiva moral católica no reduce el tabaquismo a una simple elección momentánea. Más bien, lo contempla como una realidad que puede terminar condicionando la vida diaria, afectando la libertad y arrastrando consecuencias para la salud propia y ajena.
En la enseñanza social y pastoral, el fenómeno de la adicción se trata como una herida abierta: requiere estrategias integrales de prevención, atención, rehabilitación y reintegración.3
