El término «tabernáculo» tiene raíces profundas en la tradición bíblica, refiriéndose originalmente al santuario móvil que los hebreos construyeron en el desierto antes de la edificación del Templo de Salomón1,2. Este tabernáculo del Antiguo Testamento, también conocido como la «tienda del encuentro» o «tienda del testimonio», fue erigido siguiendo las instrucciones detalladas de Dios a Moisés, con el propósito de que Dios pudiera habitar entre su pueblo2,3.
Este santuario estaba compuesto por varias secciones, incluyendo el «Lugar Santo» y el «Santo de los Santos»1. En el Santo de los Santos se guardaban objetos sagrados como el Arca de la Alianza, que contenía las tablas de la Ley, una urna con el maná y la vara de Aarón que había florecido4. Este tabernáculo era un signo visible de la presencia de Dios y el lugar donde Él se manifestaba a Moisés1,2. Su construcción y disposición detalladas son descritas en los libros del Éxodo, incluyendo el uso de materiales preciosos como oro, plata, bronce y lino fino3,5.
A lo largo de la historia de Israel, el tabernáculo acompañó al pueblo en sus peregrinaciones, ocupando un lugar central en sus campamentos1. Más tarde, fue reemplazado por el Templo de Salomón en Jerusalén, que continuó siendo el lugar sagrado de encuentro con Dios hasta su desaparición en el siglo VI a.C.1,4.

