Temperamento sanguíneo
El temperamento sanguíneo se relaciona tradicionalmente con la sangre y con el elemento aire. La tradición lo describe mediante cualidades como:
- vivacidad;
- facilidad para la relación;
- alegría;
- sensibilidad;
- espontaneidad;
- entusiasmo.
Su posible desorden aparece en la inconstancia, la superficialidad, la dispersión o la búsqueda excesiva de estímulos. En términos espirituales, una disposición sanguínea puede favorecer la cordialidad, la esperanza y la capacidad de animar a los demás, pero necesita prudencia y perseverancia.
La medicina natural atribuida a Hildegarda concede gran importancia a la alegría, la moderación y la armonía de la vida corporal. Algunos alimentos y plantas reciben caracterizaciones relacionadas con la ligereza, la vitalidad o la tristeza. La tradición hildegardiana vincula estas cualidades a la manera en que los alimentos afectan al cuerpo y al ánimo, aunque tales descripciones pertenecen al horizonte médico medieval y no deben confundirse con la psicología clínica actual.
Temperamento colérico
El temperamento colérico se asocia con la bilis amarilla y con el fuego. Sus rasgos tradicionales incluyen:
- energía;
- decisión;
- iniciativa;
- intensidad;
- capacidad de mando;
- rapidez en la acción.
La deformación del temperamento colérico puede manifestarse como ira, dureza, impaciencia, autoritarismo o deseo de dominar. Sin embargo, la misma energía puede transformarse en fortaleza, celo apostólico, defensa de la justicia y perseverancia ante la dificultad.
La figura de Hildegarda muestra una notable capacidad de gobierno, organización y corrección profética. Como abadesa, dirigió comunidades religiosas, promovió nuevas fundaciones, escribió a papas, obispos, príncipes y clérigos, y defendió con firmeza aquello que entendía conforme a la voluntad de Dios. Su actuación pública no autoriza a diagnosticarla retrospectivamente como «colérica», pero permite apreciar una voluntad fuerte y una notable capacidad de decisión. La biografía tradicional la presenta como una mujer de gran energía, capaz de afrontar conflictos, organizar monasterios y mantener una intensa actividad intelectual y pastoral pese a su salud frágil.
Temperamento melancólico
El temperamento melancólico se relaciona con la bilis negra y con la tierra. Sus rasgos tradicionales comprenden:
Cuando pierde el equilibrio, puede derivar en tristeza persistente, temor, aislamiento, escrúpulo o desánimo. La tradición cristiana distingue cuidadosamente entre la tristeza humana, que puede tener una función legítima, y la tristeza desordenada, que paraliza la esperanza y encierra a la persona en sí misma.
Las obras de Hildegarda describen cómo determinados desequilibrios corporales pueden influir en la tristeza, la indignación, la obstinación y el endurecimiento interior. También relacionan los humores con el hígado, el cerebro, el corazón, los pulmones y los sentidos. Estas afirmaciones pertenecen a la medicina medieval y expresan una comprensión simbólica y fisiológica propia de su tiempo.,
La disposición melancólica, correctamente ordenada, puede favorecer la compasión, la penitencia, la atención a la verdad y la profundidad de la oración. La melancolía, sin embargo, no equivale por sí misma a santidad ni a sabiduría. La tristeza necesita ser iluminada por la esperanza cristiana.
Temperamento flemático
El temperamento flemático se vincula con la flema y con el agua. La tradición lo caracteriza por:
- calma;
- estabilidad;
- paciencia;
- capacidad de escuchar;
- moderación de las reacciones;
- resistencia.
Su desorden puede manifestarse como lentitud excesiva, pasividad, falta de iniciativa, indiferencia o comodidad. En su forma virtuosa, ofrece un fundamento natural para la perseverancia, la mansedumbre y la constancia.
La mansedumbre cristiana no consiste en una mera falta de energía. Una persona puede poseer un temperamento tranquilo y, al mismo tiempo, carecer de fortaleza moral. Del mismo modo, una persona de reacciones intensas puede adquirir una auténtica mansedumbre mediante la razón, la disciplina espiritual y la gracia.