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Témporas

Las Témporas son celebraciones cristianas vinculadas al cambio de las estaciones, tradicionalmente dedicadas a la oración, el ayuno, la acción de gracias por los frutos de la tierra y la súplica por las necesidades humanas. En la tradición romana se organizaban en cuatro grupos anuales de miércoles, viernes y sábado; tras la reforma litúrgica, su celebración quedó abierta a la adaptación de cada territorio por parte de la conferencia episcopal correspondiente.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreTémporas
CategoríaFiesta litúrgica
DescripciónJornadas de oración y penitencia coincidiendo con el inicio de las estaciones. Celebraciones cristianas vinculadas al cambio de las estaciones, dedicadas a la oración, el ayuno y la acción de gracias. Expresaban una relación religiosa entre el ritmo de la vida cristiana y el ciclo natural. Cuatro grupos anuales (en el calendario tradicional: Cuaresma, Pentecostés, comienzo del otoño y Adviento)
ReferenciasHechos de los Apóstoles (ayuno de la comunidad de Antioquía antes de enviar a Bernabé y Saulo)
HistoriaLa práctica más antigua se desarrolló en Roma con ayunos en junio, septiembre y diciembre; Gregorio VII ordenó las Témporas para toda la Iglesia latina.
OrigenTradición romana y práctica antigua de ayunos estacionales.
Personas relacionadasAtribuidas al papa Calixto (siglo III) y ordenadas por Gregorio VII.

Tabla de contenido

Nombre y significado

La palabra Témporas procede de la expresión latina Quatuor Tempora, que significa «cuatro tiempos». El nombre alude a los cuatro momentos del año en que la antigua liturgia romana situaba estas jornadas de oración y penitencia, coincidiendo con el inicio de las estaciones. La tradición contemplaba días de ayuno y abstinencia, así como celebraciones litúrgicas propias.1

Las Témporas expresaban una relación religiosa entre el ritmo de la vida cristiana y el ciclo natural. La comunidad daba gracias a Dios por los bienes recibidos, pedía ayuda para las labores y necesidades del tiempo que comenzaba y practicaba la moderación y la solidaridad. No eran, por tanto, solo una costumbre agrícola ni un conjunto de días penitenciales: unían la oración de la Iglesia, el trabajo humano y el reconocimiento de la creación como don de Dios.1,2

Origen e historia

La tradición romana

La práctica más antigua conocida se desarrolló en Roma. Allí se observaban ayunos en junio, septiembre y diciembre, aunque al principio las fechas concretas no estaban fijadas de manera uniforme. La tradición cristiana romana relacionó esos momentos con las épocas de siembra y recolección. La Iglesia incorporó así, con un sentido cristiano, ritmos estacionales que ya tenían relevancia en la sociedad agrícola romana.1

La documentación antigua atribuye al papa Calixto, a comienzos del siglo III, una disposición sobre los ayunos, aunque la antigüedad de la práctica hace difícil determinar con precisión su origen. León Magno, pontífice entre 440 y 461, la consideraba una institución apostólica. Durante el pontificado de Gelasio I, a finales del siglo V, ya aparecen mencionados los cuatro períodos; Gelasio permitió también que se confirieran las órdenes del presbiterado y del diaconado los sábados de Témporas. La costumbre, inicialmente romana, se difundió después por otras regiones de Occidente.1

La ordenación de las Témporas para toda la Iglesia latina se atribuye a Gregorio VII, papa entre 1073 y 1085. La tradición se extendió por Inglaterra y por territorios de la Galia y Germania, y llegó a España junto con la liturgia romana en el siglo XI.1

Calendario tradicional

En el calendario romano tradicional, las Témporas comprendían el miércoles, el viernes y el sábado de cuatro semanas del año. Su distribución se asociaba al tiempo de Cuaresma, a Pentecostés, al comienzo del otoño y al Adviento. Las fechas se expresaban mediante referencias litúrgicas y fiestas del calendario, no como jornadas fijas del mes. Las fuentes históricas describen variantes en la manera de establecer algunos de esos días, por lo que conviene distinguir el uso tradicional de la regulación litúrgica posterior.1,3

Durante siglos, estos días incluyeron ayuno y abstinencia. La tradición también los relacionó con la preparación de las ordenaciones, especialmente las celebradas en sábado. La historia de esa relación fue diversa: las Témporas mantuvieron un sentido penitencial y de oración, y en ciertos períodos sirvieron también de marco para la ordenación de ministros.1,3

Sentido religioso y litúrgico

Oración, penitencia y acción de gracias

Las Témporas reunían tres actitudes complementarias. La penitencia invitaba a ordenar los deseos y a vivir con sobriedad; la súplica encomendaba a Dios las necesidades de la comunidad; y la acción de gracias reconocía los bienes de la creación y el fruto del trabajo. Su carácter penitencial no anulaba la gratitud: ambas dimensiones formaban parte de una misma respuesta religiosa a los dones recibidos.1,2

El calendario estacional permitía que la oración eclesial acompañase los cambios del año y las tareas humanas asociadas a ellos. La Iglesia pedía por los frutos de la tierra y por el trabajo, y daba gracias públicamente. En esa perspectiva, el trabajo humano no aparece como una actividad desligada de la fe: contribuye al bien común y participa, de manera limitada, en el cuidado de la creación.2

La Sagrada Escritura ofrecía un marco para comprender la unión entre oración, ayuno y ministerio. La tradición relacionó las Témporas con el pasaje de los Hechos de los Apóstoles en el que la comunidad de Antioquía ayuna, ora e impone las manos antes de enviar a Bernabé y Saulo a una misión. Esta relación proporciona una referencia espiritual para la oración por quienes ejercen el ministerio, aunque no constituye por sí sola un mandato bíblico de instituir cuatro semanas de Témporas.3

Celebraciones y lecturas

La antigua liturgia romana concedía especial relieve a las celebraciones de Témporas. Algunos formularios conservaban lecturas bíblicas adicionales, con un número mayor de lecturas en ciertas celebraciones del miércoles y del sábado. Varios pasajes evocaban la bendición divina y la fecundidad de la tierra.1

La importancia litúrgica de estos días no residía solo en el número de lecturas o en las normas de ayuno. Las celebraciones vinculaban la Palabra de Dios con la oración de la comunidad, la vida de los trabajadores y la petición de bienes necesarios. La dimensión local podía influir en la forma concreta de expresarlas, sin alterar su orientación cristiana fundamental.2,4

Las Témporas en la liturgia contemporánea

La reforma del calendario romano modificó la antigua organización uniforme. La normativa litúrgica posterior encomienda a las conferencias episcopales que adapten las Rogativas y las Cuatro Témporas a las circunstancias locales y a las necesidades de los fieles, tanto en cuanto al momento como a la manera de celebrarlas. Cada conferencia determina la duración de las celebraciones y su posible repetición durante el año; para las misas pueden escogerse formularios adecuados entre los destinados a diversas necesidades.2,4

Por ello, la referencia histórica a cuatro grupos anuales de días no equivale, por sí misma, a un calendario idéntico y obligatorio para todas las comunidades actuales. Tampoco cabe trasladar automáticamente a la disciplina contemporánea las antiguas normas de ayuno y abstinencia, propias de una regulación litúrgica anterior. En la práctica, la forma concreta depende de las disposiciones aprobadas para cada territorio.1,2,4

La reforma no elimina el propósito espiritual de las Témporas. Mantiene la posibilidad de que la Iglesia ore públicamente por las necesidades humanas, los frutos de la tierra y el trabajo, y agradezca los bienes recibidos. La adaptación permite que esa oración responda a la realidad agrícola, laboral y social de cada lugar, en vez de quedar vinculada exclusivamente a un calendario idéntico para todos.2

Diferencia entre Témporas y Rogativas

Las Témporas y las Rogativas comparten una orientación de súplica y acción de gracias, pero constituyen tradiciones litúrgicas distintas. Las Témporas se articulaban en torno a cuatro momentos del año; las Rogativas son celebraciones de petición por necesidades humanas, en particular por los frutos de la tierra y el trabajo. La normativa litúrgica contempla ambas prácticas conjuntamente al encomendar su adaptación a las conferencias episcopales, sin confundir sus nombres ni su historia.2,4

En ambos casos, la forma actual puede variar según las disposiciones de cada conferencia episcopal. Su finalidad común consiste en expresar la oración pública de la Iglesia ante las necesidades de las personas y dar gracias a Dios por los bienes de la creación y del trabajo humano.2,4

Citas y referencias

  1. Días de témporas, Enciclopedia Católica, Días de Témporas (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  2. VI. El tiempo ordinario, Santa Sede. Misal Romano, 59 (2020). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  3. Abstinencia, Enciclopedia Católica, Abstinencia (1913). 2 3
  4. Capítulo III - Algunas celebraciones en particular - C) Las rogativas y las cuatro témporas, Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción Calendaria particularia (24 de junio de 1970), 38 (1970). 2 3 4 5
  5. Parte segunda: Orientaciones para la armonización de la piedad popular con la liturgia - Capítulo IV: Año litúrgico y piedad popular - Las «témporas de invierno», Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Directorio sobre la piedad popular y la liturgia (9 de abril de 2002), 100 (2002). 2 3
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