La tradición romana
La práctica más antigua conocida se desarrolló en Roma. Allí se observaban ayunos en junio, septiembre y diciembre, aunque al principio las fechas concretas no estaban fijadas de manera uniforme. La tradición cristiana romana relacionó esos momentos con las épocas de siembra y recolección. La Iglesia incorporó así, con un sentido cristiano, ritmos estacionales que ya tenían relevancia en la sociedad agrícola romana.
La documentación antigua atribuye al papa Calixto, a comienzos del siglo III, una disposición sobre los ayunos, aunque la antigüedad de la práctica hace difícil determinar con precisión su origen. León Magno, pontífice entre 440 y 461, la consideraba una institución apostólica. Durante el pontificado de Gelasio I, a finales del siglo V, ya aparecen mencionados los cuatro períodos; Gelasio permitió también que se confirieran las órdenes del presbiterado y del diaconado los sábados de Témporas. La costumbre, inicialmente romana, se difundió después por otras regiones de Occidente.
La ordenación de las Témporas para toda la Iglesia latina se atribuye a Gregorio VII, papa entre 1073 y 1085. La tradición se extendió por Inglaterra y por territorios de la Galia y Germania, y llegó a España junto con la liturgia romana en el siglo XI.
Calendario tradicional
En el calendario romano tradicional, las Témporas comprendían el miércoles, el viernes y el sábado de cuatro semanas del año. Su distribución se asociaba al tiempo de Cuaresma, a Pentecostés, al comienzo del otoño y al Adviento. Las fechas se expresaban mediante referencias litúrgicas y fiestas del calendario, no como jornadas fijas del mes. Las fuentes históricas describen variantes en la manera de establecer algunos de esos días, por lo que conviene distinguir el uso tradicional de la regulación litúrgica posterior.,
Durante siglos, estos días incluyeron ayuno y abstinencia. La tradición también los relacionó con la preparación de las ordenaciones, especialmente las celebradas en sábado. La historia de esa relación fue diversa: las Témporas mantuvieron un sentido penitencial y de oración, y en ciertos períodos sirvieron también de marco para la ordenación de ministros.,