El matrimonio en el plan de Dios
El Catecismo de la Iglesia Católica describe el matrimonio como una comunidad íntima de vida y amor fundada por el Creador. El texto añade un criterio teológico decisivo: «Dios mismo es el autor del matrimonio». La vocación al amor matrimonial pertenece a la naturaleza humana tal como procede del Creador y refleja el amor absoluto con el que Dios ama.
Ese plan incluye la unión hombre-mujer y su orientación a la fecundidad. El Catecismo formula la imagen bíblica con claridad: el hombre no debe vivir en soledad y la mujer es «carne de su carne»; la unión alcanza la forma de unidad («una sola carne») y expresa un vínculo indisoluble.
Matrimonio bajo el pecado y necesidad de gracia
El Catecismo enseña que el pecado amenaza la unión: introduce discordia, espíritu de dominio, infidelidad, celos y conflictos capaces de llegar a la separación. La fe sostiene que el desorden no surge de la naturaleza de la unión en sí, sino de la ruptura con Dios. Aun así, el orden de creación permanece, aunque dañado; Dios ofrece la gracia para sanar las heridas y capacitar a los esposos para vivir la unión para la que fueron creados.
Matrimonio como sacramento
El Catecismo recoge el núcleo dogmático: el pacto matrimonial, mediante el cual el varón y la mujer establecen una alianza de toda la vida, se ordena por su naturaleza al bien de los esposos y a la procreación y educación de los hijos; Cristo eleva esa alianza entre bautizados a la dignidad de sacramento.,
La teología del cuerpo encaja aquí de modo natural: la sacramentalidad del matrimonio nace de la Encarnación y de la redención del cuerpo, que convierten el amor humano en signo eficaz de la alianza nueva.,
Unidad, fidelidad y «nuevo corazón»
En la catequesis sobre el matrimonio y la alianza, Juan Pablo II afirma que la alianza conyugal conduce a los esposos a vivir fidelidad con ternura y misericordia, a imitación de la fidelidad divina. El Espíritu, derramado por el Señor, concede un «nuevo corazón» capaz de amar con el amor de Cristo.
Además, el sacramento del matrimonio no solo inspira el amor: realiza en los esposos una renovación interior. La alianza despliega su energía dentro de la vida conyugal y modela el amor desde dentro: los esposos aprenden a amar «hasta el final», con don y perdón, gracias a la acción del Espíritu en la historia sacramental.