La teología pastoral abarca una amplia gama de deberes y responsabilidades del sacerdote, que se pueden clasificar principalmente en tres áreas: maestro, ministro de los misterios sagrados y pastor.
El Sacerdote como Maestro
El deber de enseñar es fundamental. Esto incluye la predicación en domingos y festividades, así como la instrucción catequética para niños y adultos. El Concilio de Trento, Benedicto XIV y Pío X han insistido en la importancia primordial de la catequesis, requiriendo que los párrocos enseñen el catecismo a los jóvenes y expliquen lo que se debe creer y practicar para la salvación.
La formación litúrgica en los seminarios, por ejemplo, integra los aspectos históricos, teológicos, espirituales y pastorales de la liturgia. Los futuros sacerdotes deben comprender no solo el significado de los ritos, sino también cómo explicarlos a sus congregaciones para que los fieles puedan participar fructíferamente,. Esto incluye el discernimiento de las opciones litúrgicas más apropiadas para cada circunstancia pastoral.
El Sacerdote como Ministro de los Misterios Sagrados
Como ministro de los sacramentos, el sacerdote debe conocer no solo la naturaleza de los sacramentos (según la dogmática) y lo necesario para su administración válida (según la moral), sino también poseer un conocimiento adicional para sus ministerios espirituales. Esto puede incluir, por ejemplo, la atención a los enfermos, el asesoramiento en operaciones críticas (especialmente las que afectan el parto) o la administración de los sacramentos en casos de muerte aparente.
El Sacerdote como Pastor
Esta es quizá la parte principal de la teología pastoral, ya que implica una variedad de deberes que evolucionan constantemente con las complejidades de la vida moderna. Incluye:
- Organización parroquial: La gestión de parroquias, el mantenimiento de iglesias y otras instituciones.
- Educación: La dirección de escuelas parroquiales y la instrucción catequética.
- Formación de comunidades: La creación de sociedades para hombres y mujeres, jóvenes y ancianos.
- Obras sociales: La participación en el vasto número de obras sociales en las que un sacerdote de una ciudad moderna se ve involucrado.
La vocación sacerdotal se nutre de una profunda amistad con Cristo, una clara conciencia de la identidad recibida en la ordenación y una disposición incondicional para guiar al rebaño donde el Señor desea. Como enseñó San Agustín, el compromiso de amor es apacentar el rebaño del Señor, y los pastores alimentan a las ovejas con la voz y el amor de Cristo,. La eficacia de la tarea pastoral, aunque fundada en los sacramentos, no es independiente de la existencia personal del sacerdote.