La teología política católica se asienta en la comprensión de que la comunidad política y la autoridad pública tienen su origen en la naturaleza humana y, por lo tanto, forman parte de un orden establecido por Dios1. La Iglesia no se identifica con ningún sistema político específico, pero busca moldear la imagen de Cristo en cada persona, asegurando su destino trascendente y promoviendo la dignidad humana2.
La Dignidad de la Persona Humana
En el corazón de la teología política católica se encuentra la primacía de la persona humana3. Cada individuo es creado a imagen y semejanza de Dios, dotado de una dignidad intrínseca que debe ser respetada y protegida en todas las circunstancias4. Esta dignidad es la base de todos los derechos humanos, incluyendo el derecho fundamental a la vida desde la concepción hasta la muerte natural5,6,7.
El Bien Común
El concepto del bien común es central en la teología política católica. Se define como «la suma total de las condiciones de la vida social que permiten a los grupos sociales y a cada uno de sus miembros conseguir su propia perfección más plena y más fácilmente»6. Este bien común no es una mera agregación de intereses individuales, sino que implica el florecimiento interdependiente de individuos y comunidades que viven en conexión holística unos con otros8. Los líderes políticos tienen el deber de proveer, preservar, cultivar y proteger el bien común, buscando y estableciendo la justicia a través de leyes y sanciones que protejan a la comunidad y fomenten las virtudes8,9.
El bien común exige que se protejan los derechos humanos y se cumplan las responsabilidades básicas5. La persona no está sujeta al bien común político en todo lo que es y tiene, precisamente porque está ordenada a bienes comunes más nobles que el bien común político, bienes que lo norman y que son constitutivos para el auténtico bien común de la sociedad política10.
Subsidiariedad y Solidaridad
Dos principios fundamentales que guían la organización social y política son la subsidiariedad y la solidaridad4.
Subsidiariedad: Este principio establece que las instituciones más grandes de la sociedad no deben abrumar o interferir con las instituciones más pequeñas o locales. Sin embargo, las instituciones más grandes tienen responsabilidades esenciales cuando las instituciones locales no pueden proteger adecuadamente la dignidad humana, satisfacer las necesidades humanas y promover el bien común5.
Solidaridad: La solidaridad implica que somos una familia humana, sin importar las diferencias nacionales, raciales, étnicas, económicas e ideológicas11. Nos exige erradicar el racismo, abordar la pobreza extrema y la enfermedad, y acoger al extranjero, incluidos los inmigrantes, asegurando oportunidades para un hogar seguro, educación para sus hijos y una vida digna para sus familias11. La solidaridad también incluye la opción preferencial por los pobres y vulnerables, quienes merecen una preocupación especial11,5.
