Los tres primeros evangelios reciben el nombre de sinópticos porque presentan numerosos episodios y enseñanzas en común, a menudo en un orden semejante y con expresiones coincidentes. Al mismo tiempo, cada evangelista organiza y formula el material de manera propia. El problema sinóptico estudia cómo explicar estas semejanzas y diferencias: si proceden de la dependencia literaria entre evangelios, de fuentes compartidas, de la tradición oral o de una combinación de esos factores. La hipótesis de las dos fuentes constituye una de las principales respuestas a esa cuestión.1
La teoría distingue, en términos generales, dos grupos de pasajes. El primero comprende relatos que aparecen en los tres evangelios; en muchos de ellos, Mateo y Lucas coinciden con Marcos en el contenido y, con frecuencia, en el orden. El segundo reúne enseñanzas presentes en Mateo y Lucas, pero ausentes de Marcos. La hipótesis interpreta el primer grupo como dependiente principalmente de Marcos y el segundo como procedente de una fuente común distinta.1


