Primera carta a los Corintios
Pablo escribió la Primera carta a los Corintios durante su estancia en Éfeso, probablemente hacia el final de aquella etapa. La comunidad de Corinto atravesaba divisiones internas, problemas morales y discusiones sobre la vida litúrgica, los carismas y la resurrección. La carta responde a esas dificultades y ofrece una amplia enseñanza sobre la Iglesia como cuerpo de Cristo.
La organización de la colecta aparece también en el horizonte de la carta. Pablo pide que cada primer día de la semana los cristianos aparten una cantidad según sus posibilidades, para evitar que la recaudación comenzara sólo cuando él llegara. Esta práctica muestra que la ayuda a Jerusalén exigía planificación comunitaria y responsabilidad compartida.
La carta refleja igualmente la conexión entre la misión de Éfeso y las relaciones de Pablo con Corinto. La proximidad marítima entre ambas ciudades permitía una comunicación relativamente frecuente, aunque los desplazamientos podían resultar difíciles y peligrosos.
Segunda carta a los Corintios
La Segunda carta a los Corintios pertenece también al tercer viaje y fue redactada durante el paso de Pablo por Macedonia. Los capítulos 8 y 9 desarrollan con especial amplitud el sentido de la colecta.
Pablo presenta la generosidad de las Iglesias macedonias como fruto de la gracia de Dios. No pretende imponer una contribución mediante una orden, sino suscitar una respuesta libre, proporcionada y auténtica. El criterio cristiano no consiste en empobrecer a unos para enriquecer a otros, sino en procurar una igualdad fundada en la fraternidad.
La colecta debía producir también un fruto espiritual: acción de gracias a Dios, reconocimiento de la obediencia al Evangelio y fortalecimiento de la comunión entre las Iglesias. La ayuda material revelaba la autenticidad de la conversión de las comunidades gentiles y mostraba que todos participaban de la misma vida en Cristo.
Carta a los Romanos
Pablo escribió la Carta a los Romanos al final del tercer viaje, probablemente desde Corinto, antes de emprender el regreso por Macedonia hacia Jerusalén. La presencia de Febe, vinculada a Cencreas, y la referencia a Gayo como anfitrión favorecen la localización de la carta en el entorno corintio.
La carta expone de forma sistemática el Evangelio de la gracia, la justificación por la fe, la relación entre Israel y las naciones y la vida nueva en Cristo. También proporciona datos autobiográficos decisivos: Pablo considera terminada su labor fundacional en buena parte del Oriente y afirma que ha proclamado el Evangelio hasta Iliria. Su próximo objetivo consiste en llevar la ayuda a Jerusalén y después visitar Roma camino de Hispania.
La referencia a Hispania pertenece a un proyecto apostólico futuro. No debe confundirse con un episodio narrado en Hechos, pues el libro termina durante la cautividad romana sin relatar ningún viaje de Pablo a la península ibérica.
Cartas que no pertenecen al tercer viaje
La cronología epistolar exige excluir varias cartas relacionadas con otras etapas de la vida de Pablo.
- Las cartas a los Tesalonicenses corresponden a la primera estancia de Pablo en Corinto, durante el segundo viaje misionero.
- La Carta a los Gálatas presenta una fecha discutida. No existe fundamento suficiente para atribuirla sin matices al tercer viaje.
- Las cartas de la cautividad -como Filipenses, Filemón, Colosenses y Efesios, según las distintas posiciones sobre su autoría y lugar de composición- no deben incorporarse a la producción literaria del tercer viaje.
Durante esta etapa, las cartas paulinas claramente vinculadas con el itinerario son 1 Corintios, 2 Corintios y Romanos.