Preparativos y marcha de los ejércitos
Los reyes de Inglaterra y Francia partieron de sus respectivos puertos en 1189, encontrándose en Messina, Sicilia. Allí esperaron la llegada de los cruzados alemanes y la consolidación de sus fuerzas antes de embarcar hacia Tierra Santa. La expedición contó con el apoyo logístico de la orden de los Templarios y los Hospitalarios.
La muerte de Federico Barbarroja y el paso de los alemanes
La inesperada muerte de Federico dejó a los cruzados alemanes sin liderazgo. Muchos regresaron a Europa, mientras que otros continuaron bajo el mando de su hijo, Federico de Suabia, llegando a Acre en 1191.
El asedio y la toma de Acre (1191)
El asedio de Acre fue el punto de inflexión de la cruzada. Tras un prolongado asedio, la ciudad capituló el 12 de julio de 1191, marcando la primera gran victoria cristiana tras la pérdida de Jerusalén. La toma de Acre sirvió como base para futuras operaciones militares.
El conflicto entre Ricardo y Felipe
A pesar de la victoria en Acre, la alianza entre los monarcas se deterioró rápidamente. Las disputas personales y la rivalidad por el control de los territorios cruzados provocaron la retirada de Felipe en julio de 1191, dejando a Ricardo como líder indiscutido de la cruzada.
La campaña en Tierra Santa y la batalla de Arsuf
Ricardo dirigió una serie de campañas que incluyeron la batalla de Arsuf (7 de septiembre de 1191), donde sus tropas derrotaron a las fuerzas de Saladino, demostrando su destreza táctica. Sin embargo, los intentos de reconquistar Jerusalén fracasaron debido a la resistencia musulmana y a la falta de apoyo logístico.
El tratado de Jaffa (1192)
Tras meses de negociaciones, Ricardo y Saladino firmaron el tratado de Jaffa en septiembre de 1192, que garantizaba a los peregrinos cristianos acceso seguro a los lugares sagrados y la tenencia de una franja costera alrededor de Jaffa, aunque Jerusalén permaneció bajo control musulmán.