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Tetragrámaton

El tetragrámaton es la denominación tradicional del nombre de Dios en la Biblia hebrea escrito con cuatro letras: YHWH. En la vida religiosa de Israel y, después, en la tradición litúrgica de la Iglesia, ese nombre no se pronuncia en el contexto cristiano y aparece sustituido por títulos como «Señor» (hebreo Adonai, griego Kyrios, latín Dominus). La Iglesia también conecta ese lenguaje bíblico con la fe cristiana en la divinidad de Cristo, al atribuir a Jesús el título «Señor», en continuidad con la revelación del Dios de Israel.1,2,3

Jhwh4
Ver información de la imagenEn la antigua iglesia de Ragunda (Suecia) se encuentra el nombre de Dios YHWH en caracteres hebreos en la pared detrás del púlpito, c. 2009. Original, Ulca08, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreTetragrámaton
CategoríaTérmino
DescripciónNombre propio de Dios en la Biblia hebrea, representado por las cuatro letras YHWH. Denota el nombre sagrado de Dios, traducido habitualmente como «Señor» en la liturgia cristiana
Contexto BíblicoRevelado a Moisés en el Éxodo como «Yo soy el que soy», y citado en el Nuevo Testamento como título cristológico.
Contexto HistóricoUsado en la tradición judía y adoptado por la Iglesia, que desde los primeros cristianos evita pronunciarlo y lo sustituye por títulos como Adonai, Kyrios o Dominus.
Importancia EclesialMantiene la reverencia al nombre divino y vincula la confesión cristiana de «Jesús es Señor» con la revelación del nombre de Dios en el Antiguo Testamento.
OrigenProcede del hebreo, compuesto por cuatro consonantes (Y-H-W-H).
TipoTérmino teológico
Uso LitúrgicoNo se pronuncia en celebraciones, cantos u oraciones; se traduce por «Señor» o «Dios» según la normativa de la Congregación para el Culto Divino (2008).

Tabla de contenido

Etimología y significado del término

El término «tetragrámaton» procede de la idea de «cuatro letras». La tradición cristiana utiliza esta palabra para designar el signo consonántico de cuatro caracteres con el que el hebreo bíblico presenta el nombre propio de Dios: YHWH.1

La Biblia muestra el uso de varias apelaciones divinas, pero la tradición destaca el nombre sagrado revelado bajo la forma del tetragrámaton YHWH. La Iglesia lo relaciona con el misterio del Dios infinitamente grande y majestuoso, y con una práctica de reverencia que evita su pronunciación en el contexto comunitario.1,3

El nombre de Dios en la revelación bíblica

Moisés y el misterio del nombre

En el relato del Éxodo, Dios llama a Moisés y se identifica como «el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob». El diálogo culmina con la revelación de un nombre misterioso en forma de la expresión «Yo soy el que soy» (YHWH).4,5

El Catecismo presenta esta revelación como un acto en el que Dios comunica su identidad de modo que el pueblo conozca a su Dios vivo. El texto catequético subraya que el nombre inefable YHWH recibe un tratamiento reverente: la comunidad no pronuncia el nombre y la lectura bíblica lo sustituye por el título «Señor».3,4

La expresión «Yo soy» y la cercanía salvadora

Juan Pablo II relacionó el sentido teológico del nombre revelado con la misión de liberación. Jesús aplica en sí mismo la expresión «Yo soy» y hace propio el nombre revelado a Moisés, garantizando la asistencia y la cercanía de Dios; el nombre expresa una presencia salvadora que, a la vez, mantiene el misterio inaccesible de Dios.6,7

Israel y la reverencia que evita pronunciar el tetragrámaton

Una tradición de no pronunciación

La Iglesia sostiene que la práctica de evitar pronunciar el tetragrámaton tiene motivos que van más allá de lo filológico. La comunidad cristiana conserva como norma la tradición que desde el comienzo no pronunció el tetragrámaton en el contexto cristiano y no lo tradujo a las lenguas en las que el texto bíblico se vertió.2

El Catecismo formula el fundamento religioso de forma directa: Israel evita pronunciar el nombre por respeto a la santidad de Dios; en la lectura de la Escritura, el nombre revelado YHWH se sustituye por «Señor» (Adonai en hebreo, Kyrios en griego).3

La sustitución por títulos

La tradición lingüística bíblica ofrece un patrón: el tetragrámaton aparece en el texto hebreo, pero la lectura utiliza un título. La carta de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos explica que el nombre, considerado un signo de la grandeza divina y tratado como irrepronunciable, se sustituyó al leer la Escritura por un término alternativo: «Adonai», que significa «Señor».1

En el marco cristiano, esa sustitución marcó un itinerario cultural: el testimonio antiguo de traducciones bíblicas preparó el uso de «Señor» como traducción estable del tetragrámaton.1

Traducciones antiguas: de YHWH a «Señor»

La Septuaginta: Kyrios

La tradición cristiana identifica la Septuaginta (traducción griega de la Escritura hebrea) como un punto clave. La carta del año 2008 afirma que la Septuaginta reemplazó regularmente el tetragrámaton hebreo con la palabra griega Kyrios, que significa «Señor».1

La carta añade un dato decisivo para la continuidad cristiana: los primeros cristianos de lengua griega emplearon como Biblia de su tiempo los libros en el griego de la Septuaginta, de modo que no pronunciaron el tetragrámaton desde el inicio.1

La tradición latina: Dominus

La misma lógica se extendió en el mundo latino. El documento explica que la Vetus Latina y, más tarde, la Vulgata de san Jerónimo presentaron igualmente el reemplazo del tetragrámaton por el latín «Dominus», correspondiente a Adonai (hebreo) y Kyrios (griego). La carta incluye además la referencia a la Neovulgata usada en la liturgia.1

Tetragrámaton y cristología: «Señor» como confesión

El título «Señor» no aparece en el cristianismo como una simple traducción lingüística: la Iglesia lo entiende como un puente teológico entre la confesión del Dios de Israel y la fe en Cristo.

La carta de 2008 indica que las implicaciones alcanzan la cristología del Nuevo Testamento. Cuando san Pablo habla del «nombre que está sobre todo nombre» (cita de Filipenses 2,9), el documento sostiene que el apóstol no intenta expresar un nombre genérico distinto, sino el título «Señor», confirmado por la confesión: «Jesucristo es Señor» (Filipenses 2,11).1

Jesús, el Señor resucitado

La carta conecta directamente ese lenguaje con el anuncio de la divinidad de Cristo resucitado. El título resulta intercambiable, en sentido proclamatorio, entre el Dios de Israel y el Mesías de la fe cristiana, aunque la carta precisa que no constituye un título israelita previo usado de manera idéntica para el Mesías.1

El documento recuerda además que el título aparece ya en los textos evangélicos y que el Nuevo Testamento adopta el patrón de citación del Antiguo Testamento mediante «Señor». En la lectura cristiana, la confesión «Jesús es Señor» se vincula a la acción del Espíritu Santo y a la salvación.1

La disciplina litúrgica católica: no pronunciar YHWH

Motivos de la norma

La Iglesia, al regular el nombre divino en el ámbito litúrgico, afirma una razón doble: mantiene la fidelidad a una tradición desde el comienzo y evita una práctica que quebraría esa continuidad. El documento subraya que la Iglesia no pronuncia el tetragrámaton en el contexto cristiano y no lo vierte como pronunciación directa dentro de la liturgia.2

La Congregación para el Culto Divino observa una práctica moderna que se introduce: algunas lecturas bíblicas en el leccionario, así como oraciones y himnos, vocalizan el nombre escrito con cuatro consonantes hebreas en la forma YHWH y proponen vocalizaciones diversas.8

Directrices concretas

La carta de 2008 presenta directrices claras para la vida litúrgica:

  • En las celebraciones litúrgicas, en los cantos y en las oraciones, el nombre de Dios bajo la forma YHWH no se usa ni se pronuncia.2
  • Para traducir textos bíblicos destinados al uso litúrgico, la Iglesia manda seguir el criterio ya establecido: el tetragrámaton se traduce por el equivalente de Adonai/Kyrios, es decir, «Señor» (y equivalentes en otras lenguas).2,8
  • En traducciones litúrgicas donde aparecen juntos Adonai y YHWH, la norma exige traducir Adonai como «Señor» y YHWH como «Dios», siguiendo el modo ya presente en la tradición griega de la Septuaginta y en la tradición latina de la Vulgata.2

Este conjunto de reglas expresa la convicción de que la liturgia católica transmite el nombre de Dios con reverencia, coherencia y continuidad con la tradición bíblica traducida.2,8

El nombre de Dios y la teología de la identidad divina

El sentido del nombre como revelación

La revelación bíblica presenta el nombre no como etiqueta mágica, sino como expresión del modo en que Dios se identifica: «Yo soy el que soy» describe a Dios como el Dios que acompaña la historia y sostiene la alianza.4,5,7

El Catecismo enmarca la no pronunciación como una respuesta al misterio de Dios: la comunidad evita profanar lo santo; la lectura bíblica sustituye el signo por el título «Señor», que preserva la reverencia y la confesión de la divinidad.3

La lectura cristiana: Dios se deja conocer en Cristo

La tradición doctrinal católica relaciona el tetragrámaton con la confesión cristiana: el Catecismo enseña que la divinidad de Jesús recibe el título bajo el que se aclama al Señor, de modo que el cristiano confiesa: «Jesús es Señor».3

Por eso, el tetragrámaton funciona como pieza de continuidad entre la fe de Israel y la proclamación del Evangelio. La carta de 2008 explica que la atribución del título «Señor» al Cristo resucitado corresponde al anuncio de su divinidad, y el Nuevo Testamento articula esa confesión con la Escritura.1,3

Desarrollo histórico de la pronunciación: «Yahvé», «Jehová» y otras formas

Vocalizaciones modernas y debate religioso

En la práctica moderna, algunas comunidades han vocalizado el tetragrámaton con diversas formas, como «Yahweh», «Yahwè», «Jahweh», «Jave» o «Yehovah». La carta de 2008 menciona expresamente estas vocalizaciones como ejemplo de formas difundidas en contextos de lectura bíblica y en oraciones e himnos.8

Esa misma carta considera problemático el uso de vocalizar el tetragrámaton en la liturgia católica, porque la Iglesia preserva la norma heredada de la tradición de no pronunciarlo y de traducirlo mediante equivalentes como «Señor».2,8

La forma «Jehová» en la tradición erudita

La tradición católica también ha tratado históricamente el tema de la pronunciación. La enciclopedia católica antigua dedicada a «Jehová (Yahweh)» ofrece una explicación histórica de la sustitución en la lectura, la procedencia de ciertas vocalizaciones y el modo en que los eruditos han discutido el origen del término «Jehová».9

En el plano católico contemporáneo, la cuestión principal no gira en torno a la reconstrucción académica de vocalizaciones, sino sobre el modo litúrgico de tratar el nombre divino. La disciplina litúrgica manda conservar el criterio heredado: no pronunciar YHWH y traducir según Adonai/Kyrios («Señor») en el marco de la liturgia.2,8

Recepción patrística y reverencia ante el nombre

La reverencia por el tetragrámaton aparece en testimonios antiguos. Clemente de Alejandría menciona el «nombre que recibe la denominación de Tetragrámaton» y lo describe como un nombre con el que se protege a quienes acceden al lugar santo; el testimonio vincula el nombre con un sentido del «ser» de Dios.10

El cristianismo primitivo interpretó esa reverencia como una invitación a no tratar lo santo con irreverencia. La carta litúrgica de 2008 coloca la continuidad en el centro: la Iglesia mantiene el hábito de no pronunciar YHWH en el contexto cristiano y de reemplazarlo con títulos en la traducción y en la oración pública.2,8

Síntesis doctrinal: por qué el tetragrámaton importa hoy

El tetragrámaton tiene relevancia en tres planos estrechamente unidos:

  • Plano bíblico: el nombre expresa la identidad revelada de Dios a Moisés y la verdad de que el Dios vivo entra en la historia salvadora.4,5,7
  • Plano litúrgico: la Iglesia conserva una tradición de no pronunciación en el contexto cristiano y traduce el nombre por equivalentes como «Señor» y criterios como el de «Dios» cuando corresponda.2,8,3
  • Plano cristológico: el título «Señor» articula la confesión de la divinidad del Cristo resucitado con la fe en el Dios de Israel, tal como enseña el Nuevo Testamento y explica el documento magisterial.1,3

Conclusión

El tetragrámaton, YHWH, representa el nombre propio de Dios en la Escritura hebrea y concentra un conjunto de prácticas de reverencia que Israel sostuvo y que la Iglesia integró en su vida litúrgica. La disciplina católica mantiene la no pronunciación de YHWH en celebraciones, cantos y oraciones, y traduce el tetragrámaton según los equivalentes tradicionales (Adonai/Kyrios) en el marco de la liturgia. En esa continuidad, el cristianismo confiesa con toda seriedad que Jesucristo es Señor, en coherencia con la revelación de Dios que se comunica por la historia de la alianza y se manifiesta plenamente en Cristo.2,1,3

Citas y referencias

  1. I. - Exposición, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Carta a las Conferencias Episcopales sobre «El Nombre de Dios», 2 (2008). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
  2. I. - Exposición, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Carta a las Conferencias Episcopales sobre «El Nombre de Dios», 3 (2008). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  3. Capítulo uno: creo en Dios el Padre. Catecismo de la Iglesia Católica, 209 (1992). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  4. Capítulo uno: creo en Dios el Padre. Catecismo de la Iglesia Católica, 205 (1992). 2 3 4
  5. Primera parte - La profesión de fe. Capítulo uno - Creo en Dios el Padre. Los símbolos de la fe, promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, 38 (2005). 2 3
  6. Con Jesús, la eternidad ha entrado en el tiempo, Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 26 de noviembre de 1997, 3 (1997).
  7. Papa Juan Pablo II. 26 de febrero de 1989: Visita a la parroquia de «Santa Bárbara alle Capannelle», Roma - Homilía, 4 (1989). 2 3
  8. I. - Exposición, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Carta a las Conferencias Episcopales sobre «El Nombre de Dios», 1 (2008). 2 3 4 5 6 7 8
  9. Jehová (Yahvé). Enciclopedia Católica, Jehová (Yahvé) (1913).
  10. XII.- fragmentos no incluidos en la edición Oxford. - 1. En Anastasio Sinaita, quest. 96, Clemente de Alejandría. Fragmentos - Clemente de Alejandría, XII. (202).
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