El texto consonántico
El alfabeto hebreo antiguo anotaba principalmente consonantes. Las vocales se transmitían en gran medida mediante la pronunciación tradicional; algunas consonantes podían también indicar sonidos vocálicos largos. Estas letras recibían el nombre de matres lectionis, es decir, «madres de lectura». La ausencia de vocales escritas de manera sistemática hacía especialmente importante que los copistas preservaran con cuidado tanto las consonantes como la tradición oral de lectura.
La labor de conservación tenía antecedentes anteriores a la aparición de los signos vocálicos. Los escribas procuraban reproducir fielmente su ejemplar, y la transmisión judía desarrolló reglas detalladas para la copia. La estabilidad del texto consonántico, sin embargo, no significa que todos sus libros conservaran desde el principio una única forma idéntica: los testigos antiguos y las versiones muestran que existieron diferencias textuales antes de consolidarse la tradición masorética.,,
Vocales, acentos y notas
Entre los siglos VII y X, los masoretas desarrollaron y aplicaron sistemas de signos para representar las vocales y los acentos. Los signos vocálicos ayudaban a conservar la pronunciación tradicional; los acentos orientaban la entonación y la división de las frases durante la lectura. Las notas masoréticas añadían controles y observaciones sobre el texto, como la frecuencia de determinadas palabras o la existencia de lecturas alternativas.
La tradición masorética tuvo distintas escuelas. Entre las más conocidas figuran las asociadas a Ben Aser y Ben Neftalí. Sus diferencias eran limitadas y, en los Salmos, apenas afectaban a la interpretación de la mayoría de los pasajes.
Ketiv y qere
Un rasgo característico de la transmisión masorética es la distinción entre ketiv-«lo escrito»- y qere-«lo que debe leerse»-. Cuando la tradición proponía una lectura distinta de la forma consonántica escrita, el cuerpo del texto podía conservar esta última y una nota indicar al lector la pronunciación o lectura tradicional. Así, la anotación no sustituía necesariamente la forma escrita: dejaba constancia de la diferencia entre ambas.
Este procedimiento permitía preservar dos aspectos de la tradición a la vez: el texto consonántico recibido y una indicación sobre cómo leerlo. Por ello, ketiv y qere no deben entenderse automáticamente como una corrección moderna del texto, sino como una convención de transmisión y lectura.