El derecho de la Iglesia a servirse de los medios
El Concilio Vaticano II enseña que la Iglesia, fundada por Cristo para llevar la salvación a todos, considera parte de su misión predicar el mensaje de salvación también con los medios de comunicación social. Le corresponde, en consecuencia, el derecho originario de utilizarlos y poseerlos en cuanto sean útiles para la educación cristiana y la salvación de las almas.
El Código lo recoge al afirmar que la Iglesia tiene el deber y el derecho originario, independiente de cualquier poder humano, de predicar el Evangelio utilizando incluso sus propios medios de comunicación social. Los pastores han de procurar servirse de ellos como derecho propio y como deber.
El Concilio añade que corresponde principalmente a los laicos animar estos medios con espíritu humano y cristiano. La participación de laicos eminentes como editores y colaboradores de la Enciclopedia ilustra esa vocación.
Una prensa verdaderamente católica
El decreto Inter mirifica pide que se promueva una prensa honesta y una prensa verdaderamente católica, es decir, la que promovida por la autoridad eclesiástica o por los católicos se publica con el fin manifiesto de formar una opinión pública conforme a la doctrina católica y de exponer adecuadamente los hechos de la vida de la Iglesia.
La Enciclopedia se ajusta a la segunda de esas modalidades: fue promovida por católicos, sometida a la censura de la autoridad y orientada a exponer la doctrina y la historia de la Iglesia. El mismo decreto recuerda a los fieles la obligación de sostener y ayudar a las publicaciones católicas cuyo fin principal sea divulgar y defender la verdad.
La verdad como ley de la historia
La Enciclopedia dedicó gran parte de su espacio a la historia de la Iglesia. Esa labor se apoya en un principio que León XIII formuló con ocasión de la apertura del Archivo Secreto Vaticano, recogiendo una máxima de Cicerón: la primera ley de la historia es no atreverse a decir nada falso; la segunda, no temer decir nada verdadero.
El Concilio exige, por su parte, que la comunicación sea verdadera e íntegra, con respeto a la justicia, a la caridad y a la dignidad de la persona. Esta exigencia explica la decisión de los editores de recoger con imparcialidad las opiniones de autoridades reconocidas en las cuestiones disputadas.
Competencia de los autores y libertad de investigación
Inter mirifica pide que las comunicaciones sobre materias religiosas se confíen a personas dignas y expertas y se traten con el debido respeto. La Enciclopedia respondió a esa exigencia mediante la selección de colaboradores por su competencia, no por su cargo.
El Código reconoce además a quienes se dedican a las ciencias sagradas una justa libertad para investigar y para manifestar prudentemente su opinión en las materias de su competencia, siempre con la debida sumisión al magisterio de la Iglesia.