El término griego theosis procede de theós, «Dios», y significa literalmente «divinización» o «deificación». La tradición latina emplea expresiones como deificatio, divinatio, «participación de la naturaleza divina» y «filiación divina adoptiva».
La base bíblica principal aparece en la Segunda carta de san Pedro:
«Nos ha concedido los bienes más grandes y preciosos, para que por ellos lleguéis a participar de la naturaleza divina».1
La Iglesia entiende esta participación de modo real, aunque analógico y participado. El cristiano no recibe la esencia divina ni se convierte en una persona de la Trinidad. Dios comunica una semejanza sobrenatural de su propia vida, que transforma interiormente a la persona y la capacita para conocerle y amarle de un modo superior a las posibilidades de la naturaleza creada.
La theosis no constituye una doctrina exclusiva de la espiritualidad oriental. Forma parte del patrimonio común de la Iglesia católica, aunque las tradiciones teológicas griega y latina suelen expresar el misterio con acentos diferentes. La tradición oriental habla con frecuencia de «deificación», mientras que la teología latina explica el mismo don mediante las categorías de gracia santificante, filiación adoptiva, inhabitación trinitaria, participación y visión beatífica.
