Tres periodos de desarrollo
La tradición iconográfica y documental organiza la evolución de la tiara en tres etapas.
Primera etapa: tocado blanco con ornamentación inicial
En los inicios, el tocado pontificio adopta un aspecto de capuchón tipo casco confeccionado con material blanco, con posibles adornos en el borde inferior, pero sin un carácter claramente coronado. Algunos textos antiguos relacionan la ornamentación con el desarrollo posterior de la diferenciación entre mitra y tocado pontificio.
Segunda etapa: aparición de una circunferencia regia
El paso hacia la forma de corona incluye el añadido de un circlet o anillo real con rasgos de diadema. La documentación clásica no fija con exactitud el momento exacto en que ese elemento se incorporó; sin embargo, el análisis de representaciones artísticas y la relación con el desarrollo de la mitra orienta la evolución hacia los siglos de transición entre los siglos X y XII, con evidencias de que el tocado se dotó de elementos más propios de la realeza ceremonial hacia 1130.
En esta fase, la iconografía de la tiara en el arte todavía aparece con menor frecuencia y la interpretación del borde decorado como simple ornamento o como diadema exige cautela comparativa entre monedas y representaciones tempranas.
Tercera etapa: del modelo de dos coronas al triregnum de tres
El cambio decisivo llega en la transición medieval. El inventario del tesoro pontificio de 1295 muestra todavía una tiara con un solo circlet. Durante el pontificado de Bonifacio VIII (1294-1303), el Papa añade una segunda corona al modelo existente. La documentación iconográfica vinculada a esculturas del propio periodo presenta al Pontífice con tiara de dos coronas.
Tras ese ajuste, el modelo de tres coronas aparece con mayor consistencia desde el siglo XIV. La primera noticia clara de un tocado con tres coronas se relaciona con un inventario de 1315 o 1316. La tradición señala la regla iconográfica de tres coronas para los monumentos desde la segunda mitad del siglo XIV, manteniéndose con variaciones limitadas hasta épocas posteriores.
Elementos laterales: las «caudas» o lappets
La tiara incorpora dos elementos colgantes en la parte posterior, llamados caudae. La iconografía sitúa su aparición en pinturas y esculturas del siglo XIII, aunque la costumbre pudo existir antes. Algunas representaciones consignan su color en negro, de acuerdo con rastros en monumentos e inventarios, con continuidad incluso hasta el siglo XV.
Estabilidad del modelo en épocas posteriores
Desde el siglo XV, la tradición registra pocos cambios dignos de mención en la forma esencial de la tiara. Los pontificados posteriores promovieron tiaras especialmente valiosas: la historia eclesiástica atribuye destacada riqueza a piezas creadas en tiempos como los de Pablo II, Sixto IV y, de manera singular, Juliio II, quien poseyó una tiara valorada en una suma extraordinaria en ducados, atribuida al orfebre Caradosso de Milán.