El Tiempo de Pascua abarca los cincuenta días desde el Domingo de Resurrección hasta Pentecostés, celebrados en alegría y exultación como un solo día festivo, o mejor aún, como un «gran domingo». Esta unidad temporal subraya la continuidad del misterio pascual, donde el Aleluia resuena con especial énfasis en todas las celebraciones litúrgicas.2
Los primeros ocho días constituyen la Octava de Pascua, considerada como Solemnidades del Señor, que prolongan la solemnidad del Domingo de Resurrección. Esta octava culmina en el Domingo de la Divina Misericordia, tradicionalmente llamado Domingo in albis o Bajo Domingo.1,4,5
Tras la octava, siguen los Domingos de Pascua hasta la Ascensión (el cuadragésimo día, que puede trasladarse al domingo siguiente) y Pentecostés, que cierra el período. La vela pascual permanece encendida hasta la Completa de Pentecostés, simbolizando la presencia del Resucitado.3,4
