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Tiempo de Septuagésima (rito extraordinario)

El tiempo de Septuagésima es el periodo de preparación penitencial que, en la tradición litúrgica romana, precede a la Cuaresma y comprende los domingos de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima. Su liturgia anticipa algunos rasgos cuaresmales -como la omisión del Aleluya- y orienta la atención hacia el pecado, la conversión y la preparación para la Pascua. En el calendario romano actual, estos domingos forman parte del tiempo ordinario, aunque el uso litúrgico tradicional conserva el ciclo de Septuagésima como un periodo diferenciado.1,2,3

New Testament Illustrations (1530)
Ver información de la imagenIlustraciones del Nuevo Testamento (1530). , c. 1530. https://www.britishmuseum.org/collection/object/P_1940-0617-16, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreTiempo de Septuagésima (rito extraordinario)
CategoríaTiempo litúrgico
DescripciónPeriodo de preparación penitencial que en la tradición litúrgica romana precede a la Cuaresma. Comprende los domingos de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima. Su liturgia anticipa rasgos cuaresmales y orienta la atención hacia el pecado, la conversión y la preparación para la Pascua. Introduce con antelación el tono penitencial de la Cuaresma y prepara a los fieles para vivir la celebración pascual
Contexto HistóricoLa incorporación de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima se sitúa en los siglos VI y VII, apareciendo vinculada al sacramentario gelasiano.
TemaCuaresma, Pascua, Tiempo ordinario, Rito romano tradicional
TipoSiglos VI y VII
Uso LitúrgicoOmisión del Aleluya y del Gloria, adición de un tracto después del gradual y reserva del Te Deum a las fiestas en el rito romano tradicional.

Tabla de contenido

Nombre y posición en el año litúrgico

La palabra Septuagésima procede del latín septuagesima, «septuagésima» o «la septuagésima», y designa el domingo que da nombre al periodo. En la ordenación tradicional del calendario romano, este domingo cae nueve domingos antes de Pascua y tres antes del comienzo de la Cuaresma. Le siguen Sexagésima, ocho domingos antes de Pascua y dos antes de la Cuaresma, y Quincuagésima, el domingo inmediatamente anterior al Miércoles de Ceniza.4,5,6

Los nombres no expresan una cuenta exacta de los días que faltan para Pascua. Septuagésima no cae literalmente setenta días antes de la fiesta, ni Sexagésima y Quincuagésima corresponden de forma estricta a sesenta y cincuenta días. Los autores antiguos ofrecieron distintas explicaciones: algunos entendieron la cifra como un símbolo; otros, como parte de una serie numérica vinculada a los nombres de los periodos litúrgicos. La etimología exacta, por tanto, no tiene una explicación única.4,5

La fecha de Septuagésima cambia cada año porque depende de la fecha de Pascua. Su ubicación, sin embargo, permanece estable respecto de la fiesta: abre las tres semanas que preceden a la Cuaresma en el calendario tradicional romano. La liturgia las presenta como una transición entre el ciclo navideño y la preparación pascual.4,1

Desarrollo histórico

El nombre Septuagésima aparece en la literatura litúrgica vinculada al sacramentario gelasiano. La organización de las semanas anteriores a la Cuaresma se desarrolló gradualmente: la investigación litúrgica sitúa la incorporación de Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima en los siglos VI y VII. Las fórmulas propias de estas celebraciones que aparecen en el sacramentario gelasiano corresponden a interpolaciones posteriores a su núcleo original.4,7

Sexagésima ya consta en el Concilio de Orleáns del año 541. La antigüedad de estos nombres muestra que la preparación para la Pascua no quedó limitada a las semanas de Cuaresma: la tradición romana añadió un periodo preliminar de oración, penitencia y disposición espiritual. Un estudio litúrgico propone que esta ampliación acentuó el carácter penitencial de la Cuaresma y de la Pascua en una época marcada por invasiones y por una mayor inclinación a las prácticas de oración y penitencia. Esta explicación es una hipótesis histórica, no el significado obligatorio de la celebración.5,7

La tradición litúrgica resume la relación entre este periodo y la Cuaresma con estas palabras:

«Estas tres semanas, Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima, pertenecen realmente a la Cuaresma por su carácter de preparación y penitencia».1

La frase expresa la continuidad espiritual entre ambos tiempos: Septuagésima no sustituye a la Cuaresma, pero introduce con antelación su tono penitencial y prepara a los fieles para vivir la celebración pascual.

Rasgos de la liturgia

La despedida del Aleluya

Uno de los signos más característicos del comienzo de Septuagésima es la interrupción del Aleluya en la liturgia romana tradicional. El sábado anterior, las vísperas concluían con una despedida solemne; después, la aclamación dejaba de emplearse hasta la Pascua y cedía su lugar a una fórmula de alabanza dirigida al Señor. Diversas iglesias medievales acompañaban esta despedida con antífonas, himnos o secuencias propias.4

Este cambio da al periodo un carácter de sobriedad. La liturgia no elimina la esperanza pascual: prepara para ella mediante una forma más contenida de oración. La interrupción del Aleluya marca el paso desde el ciclo navideño hacia un tiempo centrado en la conversión y en la preparación para la Pasión y la Resurrección.4,1

Otros elementos penitenciales

En las misas de los domingos y de las ferias de Septuagésima, el rito romano tradicional omite el Gloria y añade un tracto después del gradual. En el oficio de maitines, el Te Deum queda reservado a las fiestas. Estas características distinguen la celebración de este periodo de los tiempos litúrgicos de mayor solemnidad.4

Las lecturas del oficio contribuyen también a su orientación espiritual. Las lecciones iniciales tomadas del Génesis narran la caída y la consiguiente miseria del ser humano. Su presencia ofrece un marco bíblico para la penitencia y dispone a los fieles a examinar la necesidad de la gracia y de la conversión.4

Los tres domingos

Septuagésima

El domingo de Septuagésima inaugura el periodo. En la tradición latina también recibe el nombre de Dominica Circumdederunt, por las palabras iniciales del introito de la misa. La lectura del Génesis sobre la caída humana, dentro del oficio, enlaza la experiencia del pecado con la preparación penitencial que conduce a la Cuaresma.4

Sexagésima

Sexagésima es el segundo domingo del periodo. La tradición latina lo conoce también como Exsurge, por el comienzo del introito. El Evangelio de la misa, tomado de Lucas, presenta la parábola del sembrador: la semilla cae en terrenos distintos y produce resultados diferentes según la disposición de quienes la reciben. La lectura invita a considerar la acogida de la palabra de Dios y la fecundidad de la respuesta humana.5

El oficio continúa la lectura del Génesis y aborda la historia de Noé y el diluvio. Así, la liturgia vincula la reflexión sobre el pecado con las consecuencias del mal y con la posibilidad de una respuesta fiel a Dios.5

Quincuagésima

Quincuagésima es el último domingo antes del Miércoles de Ceniza. Su nombre también significa «quincuagésima», aunque tampoco corresponde a un cómputo literal de cincuenta días antes de Pascua. En algunos lugares, los días cercanos a este domingo preparaban el inicio de la Cuaresma mediante la confesión; en otras regiones, ciertas costumbres alimentarias asociaban la fecha con el comienzo de restricciones previas al ayuno. Estas prácticas variaban según las comunidades y no definían por sí solas el sentido litúrgico del día.6

Relación con el calendario romano actual

El calendario romano vigente no presenta Septuagésima, Sexagésima y Quincuagésima como una estación litúrgica diferenciada. Sus normas sitúan el tiempo ordinario hasta el martes anterior al comienzo de la Cuaresma; por ello, los domingos anteriores al Miércoles de Ceniza pertenecen a ese tiempo en lugar de formar el antiguo periodo pre cuaresmal. La reorganización litúrgica posterior al Concilio Vaticano II dio unidad a estas semanas bajo el nombre de tiempo ordinario.2,3

En el uso romano tradicional, en cambio, Septuagésima mantiene su función propia: prolonga la preparación pascual más allá de las seis semanas de Cuaresma y ofrece una transición litúrgica gradual hacia la penitencia cuaresmal. Su estructura reúne signos rituales, lecturas bíblicas y nombres históricos en torno a una misma orientación: preparar el corazón para la celebración de la Pascua.1,4

Citas y referencias

  1. Breviario, Enciclopedia Católica, Breviario (1913). 2 3 4 5
  2. Normas universales sobre el año litúrgico y el calendario - Capítulo I: El año litúrgico - Título II - El ciclo del año - VI. Tiempo ordinario, Papa Pablo VI. Normas Universales sobre el Año Litúrgico y el Calendario Romano General, 44 (1969). 2
  3. IV. El tiempo ordinario, Pontificio Instituto Litúrgico. Manual de estudios litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 221 (1999). 2
  4. Septuagésima, Enciclopedia Católica, Septuagésima (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  5. Sexagésima, Enciclopedia Católica, Sexagésima (1913). 2 3 4 5
  6. Quincuagésima, Enciclopedia Católica, Quincuagésima (1913). 2
  7. Pontificio Instituto Litúrgico. Manual de estudios litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), 201 (1999). 2
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