Naturaleza del documento
El Nican Mopohua es el relato náhuatl más conocido de las apariciones guadalupanas. Su título suele traducirse como «Aquí se narra» o «Aquí se cuenta». El texto relata el encuentro de Juan Diego con la Virgen, la petición de levantar un templo en el Tepeyac, las dificultades ante el obispo, el signo de las flores y la aparición de la imagen en la tilma.
El relato presenta a María como la «Madre del verdadero Dios por quien se vive» y transmite sus palabras de consuelo a Juan Diego. El papa Francisco citó expresamente el Nican Mopohua al recordar la forma afectuosa en que la Virgen llamó a Juan Diego y al reproducir su promesa maternal: «¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?».
Historia de su transmisión
La historia documental del Nican Mopohua requiere distinguir entre el relato náhuatl, sus copias y las publicaciones posteriores. La tradición suele relacionarlo con Antonio Valeriano, indígena noble y colaborador de los primeros evangelizadores, aunque la atribución histórica ha sido objeto de discusión entre especialistas.
El texto apareció impreso en el siglo XVII dentro de una obra guadalupana de Luis Laso de la Vega, publicada en 1649 con el título Huei tlamahuiçoltica. Esa obra contiene el relato de las apariciones en náhuatl y una narración más amplia de la vida de Juan Diego. La publicación no equivale automáticamente a la fecha de composición del relato: un texto puede conservar tradiciones anteriores mediante copias, traducciones y redacciones sucesivas.
La existencia de testimonios documentales relacionados con la devoción guadalupana forma parte de una historia más amplia. Una fuente católica antigua menciona investigaciones canónicas, documentos vinculados a Juan Diego y referencias a una carta atribuida al obispo Juan de Zumárraga. También recuerda una investigación promovida en 1556 a propósito de la predicación sobre el culto del Tepeyac.
Valor histórico y religioso
El Nican Mopohua posee un valor religioso extraordinario para la tradición guadalupana y constituye un testimonio fundamental de la recepción indígena del acontecimiento. Su valor histórico exige, sin embargo, un análisis crítico de la lengua, la transmisión manuscrita, la fecha de composición, la autoría y la relación entre las distintas versiones.
La Iglesia católica utiliza el relato dentro de la tradición viva de Guadalupe, pero la devoción no convierte cada hipótesis sobre el origen literario del documento en una verdad dogmática. La canonización de Juan Diego confirma su santidad y su culto universal; no define por sí misma todas las cuestiones filológicas relativas al Nican Mopohua. San Juan Diego fue canonizado por Juan Pablo II en Ciudad de México el 31 de julio de 2002.