El título de Papa (del latín papa, que proviene del griego papas, una variante de pappas que significa «padre») se utiliza actualmente de manera exclusiva para referirse al Obispo de Roma1. Esta designación subraya su rol como sucesor de San Pedro, a quien Cristo constituyó como la cabeza de los apóstoles y el fundamento visible de la unidad de la fe y la comunión en la Iglesia2,3.
La Institución del Oficio Supremo
Cristo instituyó a San Pedro como la cabeza suprema de la Iglesia, y este oficio es perpetuado en la persona del Romano Pontífice1. El Concilio Vaticano I, en la Constitución «Pastor Aeternus», declaró autoritativamente la doctrina de la Iglesia sobre el Papa, abordando el oficio de Cabeza Suprema conferido a San Pedro y la continuidad de este oficio en el Romano Pontífice1. El Papa es, por tanto, el obispo de Roma y sucesor de Pedro, y es la «fuente y fundamento perpetuo y visible de la unidad tanto de los obispos como de toda la compañía de los fieles»3.
