Primeras celebraciones
Los primeros cristianos conmemoraban individualmente el aniversario de la muerte de los mártires en el lugar de su martirio. Con el aumento del número de mártires, surgió la necesidad de una celebración colectiva. Así, ya en el siglo IV se menciona una fiesta común de los mártires en Antioquía y en los escritos de San Efrém y San Juan Crisóstomo1. Posteriormente, el Papa Bonifacio IV consagró el Panteón de Roma a la Virgen María y a todos los mártires, estableciendo una celebración anual que más tarde sería fijada el 1 de noviembre por el Papa Gregorio IV1.
Desarrollo en la Iglesia Latina y Bizantina
En el occidente, la fecha se difundió gradualmente: en la Inglaterra anglosajona Alcuino ya observaba la solemnidad en el año 800, y el monje católico Cathwulf pidió a Carlomagno que instaurara una vigilia de ayuno en honor a la Trinidad, los ángeles y todos los santos2. El Papa Gregorio IV, según el Roman Martyrology, decretó que la fiesta se celebrara universalmente el 1 de noviembre, consolidando su observancia en toda la Iglesia3. En el Oriente, la costumbre se mantuvo en la celebración del domingo después de Pentecostés, como indica la tradición bizantina4.

