La Tradición se manifiesta y se vive a través de diversos elementos dentro de la Iglesia.
Sagrada Escritura y Tradición
La Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición constituyen un único depósito sagrado de la Palabra de Dios, confiado a la Iglesia,. La Escritura, aunque es la Palabra de Dios escrita bajo la inspiración del Espíritu Santo, surgió en medio del Pueblo de Dios y pertenece a la Tradición viva de la Iglesia como testimonio canónico de la fe para todos los tiempos. La Iglesia no deriva su certeza sobre todas las verdades reveladas solo de las Sagradas Escrituras, sino también de la Tradición Apostólica, que es el proceso vivo de la Iglesia escuchando la Palabra de Dios.
El Concilio de Trento y el Primer Concilio Vaticano afirmaron que el «consenso unánime» de los Padres es una guía segura para la interpretación de la Escritura. Esto subraya que la Escritura debe ser proclamada, escuchada, leída, recibida y experimentada como la Palabra de Dios dentro de la corriente de la Tradición apostólica, de la que es inseparable.
Los Padres de la Iglesia
Los dichos de los Santos Padres son un testimonio de la presencia vivificante de la Tradición, mostrando cómo sus riquezas se derraman en la práctica y la vida de la Iglesia, en su fe y en su oración,. Los Padres de la Iglesia, tanto de Oriente como de Occidente, ocupan un lugar único en la fiel transmisión y dilucidación de la verdad revelada, haciendo de sus escritos un punto de referencia específico para la teología católica.
Su legado es una parte integral de la Sagrada Tradición. Durante las controversias teológicas de los siglos IV y V, la conformidad de una doctrina con el consenso de los Padres, o su falta, era prueba de ortodoxia o herejía. Agustín, por ejemplo, consideraba el testimonio unido de los Padres como la voz de la Iglesia. Los concilios de Calcedonia y Trento iniciaron sus declaraciones solemnes con la fórmula: «Siguiendo a los Santos Padres…».
La Vida Litúrgica y Sacramental
La Tradición está profundamente entrelazada con la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia. San Basilio el Grande conectaba la Sagrada Tradición con la vida litúrgica, señalando que, además de la profesión de fe en la Santísima Trinidad, también abarca prácticas como la señal de la Cruz en el Rito de Recepción en el Catecumenado, la orientación durante la oración (hacia el Oriente), la renuncia a Satanás, la triple inmersión en el Bautismo, el estar de pie durante el culto los domingos, la epíclesis en la Eucaristía, la bendición del agua y el aceite, entre otros.
Los sacramentos son el canal necesario de la Tradición. Cristo mismo es el sujeto primario de la traditio, presente en los sacramentos, de los cuales nace la Iglesia. La Iglesia, formada en los sacramentos, en los que se contiene la forma de vida de Jesús, transmite esta misma vida. La determinación de los siete sacramentos por la Iglesia primitiva y su lista definitiva en el Concilio de Trento es un ejemplo de cómo la Tradición sacramental se desarrolla y se aclara a lo largo del tiempo.
Los Concilios Ecuménicos
Muchos de los Padres de la Iglesia fueron obispos que se reunieron con sus compañeros obispos en concilios, siguiendo el ejemplo de los apóstoles. Estos concilios, como Nicea I, Constantinopla I, Éfeso y Calcedonia, condenaron el error y proclamaron la fe ortodoxa en credos y definiciones de fe,. Estas definiciones son normativas y universalmente vinculantes, expresan y pertenecen a la Tradición Apostólica, y continúan sirviendo a la fe y la unidad de la Iglesia.
Los concilios ecuménicos más recientes —Trento, Vaticano I, Vaticano II— se dedicaron a explicar el misterio de la fe y emprendieron las reformas necesarias para el bien de la Iglesia, manteniendo la continuidad con la Tradición apostólica.