La enciclopedia católica en español

Trascendentales

Los trascendentales son las propiedades universales que pertenecen a todo ente en cuanto ente. No forman géneros ni especies particulares, porque atraviesan todas las divisiones de la realidad: todo lo que existe es, de algún modo, uno, algo, verdadero y bueno. La tradición escolástica desarrolló estas nociones para expresar diversos aspectos del ser y, posteriormente, las relacionó con la teología natural y con la comprensión cristiana de Dios, fuente y plenitud de toda realidad.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreTrascendentales
CategoríaTérmino
DescripciónConceptos que acompañan a todo ser sin limitarlo a una categoría particular. Propiedades universales que pertenecen a todo ente en cuanto ente: unidad, verdad, bondad y, a veces, belleza. Los trascendentales son modos universales de inteligibilidad del ser que atraviesan todas las divisiones de la realidad; su estudio parte de la metafísica aristotélica y se desarrolla en la escolástica tomista, culminando en la unidad-verdad-bondad (y ocasionalmente pulchrum) como fundamento de la ontología y de la teología natural. Explican la estructura inteligible de la realidad y su relación con la razón humana y divina
Aplicación MoralLa bondad ontológica fundamenta la posibilidad de la moral; la verdad ontológica sustenta la capacidad de conocer y juzgar correctamente.
Contexto HistóricoDesarrollo medieval (siglos XII-XIII) y posterior reflexión teológica hasta la actualidad.
DesarrolloDe Aristóteles a Avicena, Albertus Magnus, Santo Tomás de Aquino (Summa Halensis), Duns Escoto y la tradición franciscana, con posteriores debates sobre la inclusión de la belleza.
EjemplosUna persona puede considerarse ente (existe), unidad (no dividida), algo (distinta de otros), verdadera (inteligible) y buena (deseable).
Enseñanzas PrincipalesTodo ente es ser, unidad, algo, verdadero y bueno; la conversión de estos conceptos con el ser muestra la unidad de la realidad y permite elevar el conocimiento a Dios.
ImportanciaBase filosófica de la comprensión de la realidad, de la lógica, la ética y de la teología sobre la naturaleza de Dios.
Interpretación TradicionalTríada clásica unidad-verdad-bondad; la belleza se considera a veces un trascendental propio o síntesis de verdad y bondad.
OrigenFilosofía aristotélica; sistematizado en la escolástica medieval.
TemaMetafísica, teología natural, filosofía escolástica.
TipoTérmino teológico, Concepto

Tabla de contenido

Concepto general

Significado de «trascendental»

La palabra trascendental procede del verbo latino transcendere, «sobrepasar» o «ir más allá». En metafísica designa aquello que supera las categorías particulares y posee una extensión universal. Las categorías clasifican los entes según modos determinados de ser -por ejemplo, sustancia, cantidad, cualidad, relación, acción o lugar-; los trascendentales, en cambio, acompañan a todo ente sin limitarlo a una clase concreta.1

El trascendental no constituye una realidad añadida al ente como una pieza independiente. Expresa una razón formal o un aspecto inteligible que pertenece intrínsecamente a la realidad. La mente puede considerar el mismo ente bajo conceptos diferentes, aunque la cosa no contenga físicamente varias realidades separadas llamadas «unidad», «verdad» o «bondad».1

Así, una persona, un animal, una piedra o una institución poseen el ser, pero también presentan unidad, inteligibilidad y alguna perfección propia. Estas propiedades no pertenecen exclusivamente a Dios. Primero corresponden a todo ente en cuanto ente; después, mediante la metafísica y la teología natural, permiten ascender desde los entes finitos hasta la causa primera y plena del ser.

El ente como primer concepto

La inteligencia humana conoce primariamente el ente (ens), es decir, aquello que tiene ser. Santo Tomás de Aquino explica que el intelecto concibe el ser antes que cualquier otra noción universal y que los demás conceptos añaden al ente una determinada manera de considerarlo.2

No cabe añadir algo al ente como si se agregara una diferencia específica a un género. El ente no es un género, porque todo lo que pudiera añadirse a él ya tendría que ser ente. Sin embargo, la inteligencia puede considerar el mismo ser bajo diversos aspectos: como no dividido, como distinto de otros, como inteligible o como apetecible.2

Los trascendentales nacen de este análisis. No describen objetos distintos, sino modos universales de inteligibilidad del ser.

Los trascendentales clásicos

La formulación medieval más habitual incluye:

  • Ens: ente o ser.
  • Res: cosa.
  • Unum: uno.
  • Aliquid: algo.
  • Verum: verdadero.
  • Bonum: bueno.

Algunos autores consideran ens el fundamento de los demás y presentan res y aliquid como nociones trascendentales derivadas. La tríada más conocida en la tradición cristiana es unidad, verdad y bondad: unum, verum et bonum.

El ente: ens

El ens es aquello que tiene ser. La metafísica estudia el ente no únicamente bajo una categoría particular, sino en cuanto ente, atendiendo a las condiciones comunes de todo lo real.

Conviene distinguir entre:

  • Ente, aquello que existe o puede considerarse como dotado de ser.
  • Esencia, aquello por lo que una realidad es lo que es.
  • Acto de ser, la actualidad por la que una esencia existe.

En las criaturas, la esencia y el acto de ser no se identifican plenamente: una cosa puede ser comprendida según su naturaleza sin que esa comprensión implique que exista efectivamente. En Dios, por el contrario, la tradición tomista sostiene que esencia y ser se identifican: Dios no recibe el ser, sino que es el Ser subsistente.3

La doctrina de los trascendentales comienza en la ontología general, es decir, en el estudio filosófico del ser común a todas las cosas. Solo después puede aplicarse de modo eminente a Dios.

La cosa: res

Res significa «cosa» y expresa el ente bajo la razón de su esencia o quididad. Una cosa es aquello que posee una determinada naturaleza: humanidad, animalidad, corporeidad, racionalidad o cualquier otra esencia.

Santo Tomás recoge la distinción entre ens y res: el término ente toma su significado del acto de ser, mientras que cosa expresa la esencia o quididad de aquello que es.2

La noción de res permite comprender que el ser nunca aparece ante la inteligencia como una pura indeterminación. Todo ente real posee una esencia determinada, aunque la esencia no agote la perfección de su acto de existir.

La unidad: unum

Todo ente es uno porque posee una cierta indivisión. La unidad trascendental no significa necesariamente simplicidad absoluta ni ausencia de partes. Un árbol, una persona o una sociedad pueden tener partes y, sin embargo, constituir una unidad real.

La unidad consiste en que un ente es él mismo y no una mera dispersión de elementos. La división destruye o modifica la unidad de una realidad, pero solo puede dividirse aquello que previamente posee alguna unidad.

Santo Tomás define la unidad como «ente indiviso»: el uno no añade una realidad separada al ente, sino la razón de no estar dividido en sí mismo.2

La unidad admite grados:

  • Una unidad accidental, como la de un montón de piedras.
  • Una unidad sustancial, como la de un animal o una persona.
  • Una unidad espiritual, propia de las operaciones intelectuales y volitivas.
  • La unidad simplicísima y plena de Dios.

La unidad trascendental no elimina la multiplicidad. La multiplicidad presupone entes dotados de unidad y exige que cada ente posea cierta identidad propia.

Algo: aliquid

Aliquid significa literalmente «algo» o «otro algo». Expresa la distinción de un ente respecto de los demás. Mientras unum considera al ente en su indivisión interna, aliquid lo considera en su diferenciación externa.

Una realidad es «algo» porque no se confunde con todas las demás. La identidad y la diferencia aparecen así vinculadas: cada ente posee una determinación propia y, por ella, puede distinguirse de otros.

Esta noción no equivale a la alteridad absoluta ni a la oposición. Dos entes pueden ser distintos sin encontrarse enfrentados. La distinción permite la pluralidad, la relación, la comunidad y el conocimiento.

La verdad: verum

La verdad trascendental expresa la inteligibilidad del ente y su ordenación al intelecto. Todo ente, por el hecho de ser, puede ser conocido al menos en alguna medida. La verdad no depende exclusivamente de una afirmación verbal ni nace primero en el juicio humano: tiene su fundamento en la realidad.

Santo Tomás explica que la verdad añade al ser una relación con el intelecto, del mismo modo que la bondad añade una relación con el apetito. Cuanto más tiene una cosa de ser, tanto más posee capacidad de ser conocida.4

La verdad posee dos dimensiones:

  • Verdad ontológica, propia de las cosas en cuanto inteligibles.
  • Verdad lógica, propia del entendimiento cuando conoce y juzga adecuadamente.

La verdad ontológica no significa que toda persona conozca correctamente cada realidad. Significa que la cosa posee una estructura que puede corresponder al entendimiento. La verdad lógica aparece cuando el intelecto afirma de lo que es que es, y de lo que no es que no es.

En las criaturas, la verdad se funda en su ser y en su esencia. En la teología cristiana, además, toda verdad creada remite al entendimiento divino, causa ejemplar de las criaturas. Esta referencia teológica no sustituye el análisis ontológico, sino que lo prolonga.

El bien: bonum

El bien trascendental expresa la perfección del ente en cuanto puede ser amado, deseado o apetecido. Algo es bueno porque posee una perfección que corresponde a alguna inclinación o deseo.

Santo Tomás define el bien por su relación con el apetito: así como todo ente es cognoscible, todo ente posee alguna perfección capaz de atraer o perfeccionar una tendencia.4

La bondad trascendental no equivale directamente a la bondad moral. Todo ente es bueno en cuanto posee alguna perfección, aunque no toda acción de una criatura racional sea moralmente buena.

Conviene distinguir:

  • Bondad ontológica, presente en todo ente por su perfección propia.
  • Bondad útil, relativa a aquello que sirve para alcanzar un fin.
  • Bondad deleitable, vinculada al gozo.
  • Bondad moral, propia de los actos libres ordenados al verdadero fin de la persona.

Una enfermedad, por ejemplo, conserva bondad ontológica en cuanto realidad existente, pero puede constituir un mal físico para el organismo. El mal no posee ser propio como una sustancia independiente; consiste en una privación de un bien debido. Por eso la existencia de un mal particular no elimina la bondad trascendental del ente que lo padece.

La convertibilidad de los trascendentales

Definición de convertibilitas

La convertibilidad (convertibilitas) significa que los trascendentales tienen la misma extensión que el ser. Todo lo que es, en cuanto es, es también uno, verdadero y bueno. Y todo aquello que es uno, verdadero o bueno lo es porque posee ser.

La fórmula clásica expresa esta doctrina así:

Ens et unum convertuntur; ens et verum convertuntur; ens et bonum convertuntur.

En español:

El ente y el uno son convertibles; el ente y lo verdadero son convertibles; el ente y el bien son convertibles.

La convertibilidad no afirma que las palabras «ser», «uno», «verdadero» y «bueno» sean sinónimos perfectos. Cada término añade una razón inteligible distinta. Santo Tomás enseña que el uno añade la indivisión, la verdad añade el orden al conocimiento y el bien añade la razón de fin o de apetecible; por ello, los cuatro conceptos son convertibles aunque no tengan el mismo significado formal.5

El mismo ser bajo razones distintas

La convertibilidad puede explicarse mediante un ejemplo. Una misma persona puede considerarse:

  • Como ente, porque existe.
  • Como una, porque no está dividida en sí misma.
  • Como algo, porque se distingue de otras personas.
  • Como verdadera, porque posee una naturaleza inteligible.
  • Como buena, porque posee perfecciones que pueden ser amadas.
  • Como bella, si su forma manifiesta integridad, armonía y esplendor.

No existen seis objetos dentro de la persona. Existe una sola realidad, contemplada bajo razones distintas.

Por este motivo, los trascendentales son diferentes según el concepto, pero no constituyen cosas separadas en la realidad. La distinción conceptual posee fundamento objetivo: la realidad permite que el entendimiento formule esas diversas nociones.1

Prioridad lógica

El ser posee prioridad lógica respecto de los demás trascendentales. Algo debe existir antes de poder ser uno, verdadero o bueno. La unidad presupone el ser; la verdad y la bondad presuponen tanto el ser como una cierta determinación de la realidad.

La tradición de la Summa Halensis presenta un orden lógico según el cual el ser precede a la unidad, y la unidad precede a la verdad y a la bondad. Este «antes» no indica una sucesión temporal, sino una prioridad formal en la comprensión.6

La verdad y la bondad poseen una estructura relacional más explícita:

  • La verdad ordena el ente al intelecto.
  • La bondad ordena el ente al apetito.
  • La unidad funda la identidad del ente.
  • La distinción permite su relación con otros.

La convertibilidad, por tanto, no elimina el orden entre los trascendentales. Todos acompañan al ser, pero cada uno lo manifiesta desde una perspectiva diferente.

Trascendentales y teología natural

Del ser creado al Ser subsistente

La metafísica estudia primero el ser de las criaturas. Las criaturas poseen ser de modo limitado, participado y recibido. Su esencia no explica por sí sola el hecho de que existan. Esta contingencia permite plantear la cuestión de su causa última.

La teología natural utiliza las estructuras descubiertas por la metafísica para razonar acerca de Dios. Si los entes finitos poseen ser participado, la razón puede investigar la causa primera de esa participación. En Dios, la perfección del ser no aparece recibida en una esencia distinta, sino que Dios es el Ser subsistente.

La doctrina de los trascendentales ayuda a comprender que Dios no es simplemente «un ente muy grande» dentro del conjunto de los entes. Dios trasciende el orden de los entes creados como causa primera y plenitud del ser. Sin embargo, la afirmación de que Dios es uno, verdadero y bueno conserva una continuidad analógica con las perfecciones encontradas en las criaturas.

Analogía, no simple identidad

Cuando la Iglesia y la teología católica llaman a Dios «bueno» o «verdadero», no atribuyen esos términos a Dios exactamente del mismo modo que a las criaturas. La bondad creada es limitada y participada; la bondad divina es infinita y subsistente.

La analogía evita dos errores:

  • La univocidad, que aplicaría a Dios y a las criaturas exactamente el mismo concepto.
  • La equivocidad, que haría imposible cualquier conocimiento racional de Dios a partir de las criaturas.

Los trascendentales no deben reducirse, sin embargo, a una mera analogía teológica. La unidad, la verdad y la bondad pertenecen primero al ámbito de la ontología general: describen todo ente en cuanto ente. Después, la teología natural considera cómo esas perfecciones existen de modo eminente en Dios.

La revelación cristiana lleva este conocimiento más allá de lo que la metafísica puede alcanzar por sí sola. La razón puede investigar que Dios es causa primera, acto puro y plenitud del ser; la fe recibe, además, el misterio de la Trinidad, la encarnación del Verbo y la participación sobrenatural en la vida divina.

Apropiación trinitaria

Algunos autores cristianos relacionaron los trascendentales con las Personas divinas mediante la doctrina de la apropiación. El ser podía atribuirse especialmente al Padre, la verdad al Hijo y la bondad al Espíritu Santo. Esta asociación posee valor teológico y espiritual, pero no convierte los trascendentales en propiedades exclusivas de cada Persona.

En la doctrina trinitaria, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo poseen una misma naturaleza divina. Por tanto, las tres Personas son igualmente ser, una, verdaderas y buenas. La apropiación vincula una perfección con una Persona para manifestar una conveniencia teológica, no para dividir la esencia divina.

El bello: pulchrum

Inclusión del pulcro entre los trascendentales

La inclusión de la belleza o del pulchrum en la lista de los trascendentales no recibió una formulación uniforme en toda la escolástica. La lista clásica suele mencionar el ente, la unidad, la verdad y la bondad; algunos autores añaden la cosa y el algo, mientras que otros incorporan la belleza.

La cuestión medieval sobre el pulchrum adquirió especial importancia en la tradición franciscana y en ciertos desarrollos escolásticos posteriores. Algunos autores trataron la belleza como un trascendental propio; otros la entendieron como una síntesis o manifestación particular de la verdad y la bondad.1

Naturaleza de la belleza

La belleza puede definirse como el esplendor de la forma. Una realidad resulta bella cuando su perfección formal aparece con integridad, proporción y claridad.

La tradición tomista relaciona la belleza con tres elementos:

  • Integridad o perfección: la cosa posee lo que corresponde a su naturaleza.
  • Proporción o armonía: sus partes y perfecciones guardan un orden adecuado.
  • Claridad o esplendor: la forma manifiesta su inteligibilidad.

La belleza atrae porque presenta una forma inteligible de manera luminosa y deleitable. Por eso guarda relación con la verdad -la forma conocida- y con la bondad -la perfección capaz de atraer el apetito-.7

¿Trascendental propio o aspecto de verdad y bondad?

La belleza puede entenderse de dos maneras principales.

La primera la considera un trascendental distinto según la razón formal. En este sentido, la belleza añade al ente la capacidad de producir admiración y deleite mediante la manifestación de su forma.

La segunda entiende la belleza como una síntesis de verdad y bondad: la verdad de la forma aparece con esplendor y, por ello, atrae como bien. Esta interpretación explica por qué algunos autores no incluyen pulchrum en la lista fundamental.

La diferencia no afecta a la afirmación de que toda criatura posee alguna belleza ontológica. Las criaturas pueden estar dañadas, incompletas o desordenadas en ciertos aspectos, pero conservan ser y alguna perfección. La belleza creada existe de modo limitado y participado, mientras que Dios es bello por esencia y fuente de toda belleza.

Desarrollo histórico

Aristóteles y la unidad del ser

Aristóteles estudió la relación entre ser y unidad, especialmente al afirmar que «ser» y «uno» acompañan universalmente a las cosas. Su análisis se concentró en gran medida en el ser y la unidad, sin desarrollar la posterior tríada cristiana de verdad y bondad como propiedades trascendentales universales.

La metafísica aristotélica proporcionó instrumentos decisivos: la distinción entre acto y potencia, la prioridad del acto, la causalidad y la investigación del ser en cuanto ser.

Avicena

Avicena desempeñó un papel fundamental en la configuración medieval de la doctrina. Consideró nociones primeras como ente, cosa y necesario, y vinculó el ente y la unidad como propiedades universales. También sostuvo que el intelecto humano concibe inicialmente el ente, la cosa y el uno.8

Su pensamiento preparó el camino para la escolástica latina, aunque su doctrina de las nociones primeras todavía no coincidía plenamente con la teoría medieval de los trascendentales. En particular, Avicena no incluyó inicialmente la verdad y la bondad en la lista del modo en que lo harían los autores cristianos.9

Alberto Magno y la tradición cristiana

Alberto Magno observó que Aristóteles había tratado principalmente el ser y el uno, mientras que los autores cristianos incorporaron la verdad y la bondad al considerar el ser como procedente del primer Ser sabio y bueno.9

Esta ampliación no consistió en una simple repetición de la filosofía griega. La doctrina cristiana de la creación impulsó una reflexión sobre la dependencia de todo ente respecto de Dios, fuente de verdad y bondad.

La escolástica del siglo XIII

Durante el siglo XIII, la reflexión sobre los trascendentales alcanzó una formulación más precisa. La Summa Halensis ofreció una exposición sistemática de la unidad, la verdad y la bondad, atendiendo también a las relaciones internas entre ellas.10

Santo Tomás de Aquino explicó que los trascendentales no contraen el ente como las diferencias específicas, sino que expresan aspectos que acompañan a todo ser. En su doctrina, el ente es inteligible y apetecible porque posee verdad y bondad; la unidad expresa su indivisión.5

La escolástica posterior desarrolló distintas explicaciones sobre el fundamento objetivo de las diferencias conceptuales entre los trascendentales. Duns Escoto, por ejemplo, utilizó la noción de distinción formal para explicar cómo conceptos realmente fundados en las cosas pueden distinguirse sin corresponder a partes físicas separadas.1

Importancia filosófica y teológica

Fundamento de la inteligibilidad

La doctrina de los trascendentales sostiene que la realidad no es un caos radicalmente opaco. Todo ente posee alguna estructura, identidad y perfección que permiten conocerlo.

La verdad ontológica fundamenta la posibilidad del conocimiento. El intelecto no crea completamente su objeto; recibe y comprende una realidad que posee una forma inteligible. La falsedad aparece cuando el juicio humano no respeta el orden de lo real.

Fundamento del bien y de la ética

La bondad trascendental fundamenta la posibilidad de la moral, aunque no ofrece por sí sola todas las normas éticas. Si todo ente posee una perfección propia y las criaturas racionales tienen inclinaciones naturales a bienes determinados, la razón puede investigar el orden de la acción humana.

La ley natural presupone una estructura objetiva del ser y de los fines humanos. La libertad no consiste en elegir al margen de todo bien, sino en dirigirse racionalmente hacia bienes verdaderos y ordenados.

Unidad y comunidad

La unidad permite comprender la identidad personal, la continuidad de las cosas y la posibilidad de la vida común. La sociedad no puede reducirse a una masa indiferenciada, porque cada persona posee una unidad y dignidad propias.

Al mismo tiempo, la unidad trascendental no justifica la uniformidad. La pluralidad de personas, culturas y vocaciones puede formar una comunidad sin eliminar las diferencias legítimas.

Verdad, bondad y belleza en la vida cristiana

La vida cristiana integra los trascendentales:

  • La verdad orienta la inteligencia hacia Dios y hacia la realidad.
  • La bondad ordena la voluntad al amor de Dios y del prójimo.
  • La unidad expresa la coherencia de la persona y la comunión eclesial.
  • La belleza manifiesta la armonía de la creación, la liturgia, el arte sacro y la santidad.

La gracia no destruye la estructura natural del ser, sino que la sana, eleva y orienta a la participación en la vida divina. La revelación cristiana lleva las perfecciones naturales del ser a su plenitud en Jesucristo, Verbo verdadero, sumo Bien y esplendor de la gloria del Padre.

Síntesis doctrinal

Los trascendentales pueden resumirse en las siguientes afirmaciones:

  1. Todo ente es ser: posee actualidad y una esencia determinada.
  2. Todo ente es uno: tiene una unidad propia y no constituye una pura dispersión.
  3. Todo ente es algo: se distingue de otros entes.
  4. Todo ente es verdadero: posee inteligibilidad y puede fundamentar un conocimiento.
  5. Todo ente es bueno: contiene alguna perfección y puede ser apetecido bajo algún aspecto.
  6. Todo ente puede considerarse bello: en la medida en que manifiesta integridad, proporción y esplendor, aunque la condición trascendental del pulchrum admita distintas formulaciones filosóficas.
  7. Los trascendentales son convertibles con el ser: no son realidades añadidas desde fuera, sino el mismo ser considerado según razones diversas.
  8. Dios posee estas perfecciones de modo eminente: no como propiedades recibidas, sino como plenitud subsistente del ser, de la verdad, del bien y de la belleza.

La metafísica de los trascendentales ofrece así una visión unificada de la realidad: todo lo que existe posee ser, unidad, inteligibilidad y perfección, y el conjunto de estas propiedades encuentra su fundamento último en Dios, plenitud y causa primera de todo ente.

Citas y referencias

  1. Boyd Taylor Coolman. Una cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente: la brocadura trascendental de la unidad, la verdad y la bondad en la temprana tradición intelectual franciscana, 8 (2018). 2 3 4 5
  2. Sobre la verdad - ¿Qué es la verdad? , Tomás de Aquino. Cuestiones disputadas sobre la verdad, Q. 1, A. 1, C. (1256). 2 3 4
  3. Metafísica, Enciclopedia Católica, Metafísica (1913).
  4. Primera parte - De la verdad - ¿Son los verdaderos y el ser términos convertibles? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, I, Q. 16, A. 3, co. (1274). 2
  5. Sed contra & respuesta, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, 1.D19.Q5.A1.resp (1256). 2
  6. Boyd Taylor Coolman. Una cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente: la brocadura trascendental de la unidad, la verdad y la bondad en la temprana tradición intelectual franciscana, 12 (2018).
  7. Thomas Joseph White, O.P. Belleza, trascendencia y la jerarquía inclusiva de la creación, 4 (2018).
  8. Boyd Taylor Coolman. Una cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente: la brocadura trascendental de la unidad, la verdad y la bondad en la temprana tradición intelectual franciscana, 5 (2018).
  9. Boyd Taylor Coolman. Una cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente: la brocadura trascendental de la unidad, la verdad y la bondad en la temprana tradición intelectual franciscana, 6 (2018). 2
  10. Una ontología trascendental de la relationalidad triádica, Boyd Taylor Coolman. Una cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente: la brocadura trascendental de la unidad, la verdad y la bondad en la temprana tradición intelectual franciscana, 13 (2018).
Modificado el 27 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.66Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/nmwcf2sxr

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →