La Rota Romana es un tribunal apostólico, es decir, un órgano judicial constituido en el ámbito de la Santa Sede y vinculado directamente al Romano Pontífice. Su competencia no convierte sus sentencias en decisiones doctrinales del papa ni transforma el tribunal en una instancia superior a todos los demás órganos judiciales de la Iglesia. Su misión consiste en administrar justicia conforme al derecho canónico y garantizar una interpretación coherente de las normas.
La legislación curial presenta la Rota como un tribunal de instancia superior que protege los derechos en la Iglesia, favorece la unidad de la jurisprudencia y ayuda a los tribunales inferiores mediante sus sentencias.1
La Rota desempeña, por tanto, tres funciones principales:
- Función jurisdiccional, al juzgar causas en segunda, tercera y ulterior instancia.
- Función orientadora, porque su jurisprudencia ofrece criterios para interpretar y aplicar el derecho canónico.
- Función de auxilio, ya que sus decisiones proporcionan orientación técnica y jurídica a los tribunales diocesanos e interdiocesanos.
El valor de la jurisprudencia rotal no deriva solo del prestigio de sus jueces. También posee una dimensión jurídica, vinculada al servicio de la justicia y a la necesidad de conservar la unidad del ordenamiento canónico.2

