El Apocalipsis estructura una parte decisiva de su visión alrededor del trono celestial. Desde el comienzo aparece «un trono en el cielo, con uno sentado en el trono».
La visión del trono: culto, santidad y majestad
En la escena se subrayan elementos que describen la gloria divina:
El que está en el trono es presentado con apariencia de piedras preciosas y un arco iris alrededor.
Hay ancianos rodeando el trono, vestidos de blanco y con coronas de oro.
Del trono provienen relámpagos, voces y truenos; delante arden antorchas, asociadas a los «siete espíritus de Dios».
Los seres vivientes, llenos de ojos, cantan sin cesar: «Santo, santo, santo…».
La adoración culmina cuando los ancianos se postran y reconocen la dignidad del que está sentado en el trono como Creador y digno de recibir honra y poder.
Un único trono y la obra del Cordero
El Apocalipsis no separa el culto del trono del misterio pascual. La Iglesia enseña que, al leer el Apocalipsis en la liturgia, primero se revela «un trono en el cielo» con «uno sentado»: «el Señor Dios». Después, aparece el Cordero de pie «como degollado», identificado como Cristo crucificado y resucitado, el único Sumo Sacerdote del verdadero santuario.
Esta relación se comprende como una unidad: el trono del Padre y el trono del Hijo no se perciben como dos reinos rivales, sino como un solo reinado. Una afirmación citada en un estudio de la Comisión Teológica Internacional recoge una idea patrística:
«El trono de Dios es uno: el trono de la majestad del Padre y la majestad del Hijo… no hay diferencia en dignidad.»
Así, el culto del cielo incluye al «que está sentado en el trono» y al Cordero que tiene el poder de abrir el libro sellado.,
El trono como origen de las acciones salvíficas
El Apocalipsis también vincula el trono con la intercesión y con las oraciones. En la escena del libro sellado, cuando el Cordero toma el libro, los seres vivientes y los ancianos se postran; cada uno sostiene arpas y copas de oro llenas de incienso, que son «las oraciones de los santos».
En el mismo contexto, el cántico reconoce que el Cordero ha sido digno por su sacrificio, y que su obra forma un pueblo sacerdotal que «reinará».
El trono y la esperanza de la salvación
El Apocalipsis ofrece una descripción consoladora de quienes están «delante del trono»:
Se afirma que quienes han salido de la gran tribulación, una vez lavadas sus vestiduras en la sangre del Cordero, están ante el trono y adoran a Dios «día y noche».
El que está sentado en el trono «los protegerá» y el Cordero «en medio del trono» será su pastor, guiándolos hacia las fuentes del agua de la vida.
A la vez, se promete la eliminación de las lágrimas.