El nombre procede del latín tutior, comparativo de tutus: «más seguro». En la controversia clásica de los sistemas de teología moral, la opinión tuta-la segura- favorecía la existencia de una obligación o la prohibición de una conducta; la opinión minus tuta-menos segura- favorecía la libertad de actuar. El problema aparecía cuando, tras examinar los argumentos, persistía una incertidumbre razonable acerca de si una ley obligaba.1,2
El tutiorismo no equivale simplemente a aconsejar prudencia. Designa una respuesta concreta a la pregunta de qué hacer cuando dos opiniones morales compiten: establece cuánta probabilidad necesita la opinión favorable a la libertad para justificar una acción. Por ello pertenece al debate histórico sobre cómo puede la conciencia pasar de una duda teórica a un juicio práctico suficientemente seguro para actuar.1,2
Este debate no presupone que toda incertidumbre permita actuar. Los moralistas exigían examinar los argumentos y consultar autoridades disponibles antes de recurrir a un principio para resolver la duda. La cuestión discutida empezaba cuando, pese a ese esfuerzo, la incertidumbre teórica persistía.1,2
