En el uso litúrgico, el umbráculo corresponde al tipo de cubierta que la terminología tradicional denomina ombrellino. Consiste en una pequeña estructura semejante a un paraguas, pero plana en vez de cónica, fijada a un varal largo que permite sostenerla durante el recorrido.
«Uno de pequeñas dimensiones y con forma de paraguas -aunque plano y no cónico- recibe el nombre de ombrellino.»1
El umbráculo forma parte de la familia de las cubiertas litúrgicas: objetos textiles o estructuras destinados a cubrir el altar, un asiento de honor o el Santísimo Sacramento durante una procesión. Sin embargo, no debe confundirse con las cubiertas de mayor tamaño, como el baldaquino procesional, ni con el ciborio fijo que corona algunos altares.1,2

