La unidad de la Iglesia
La bula comienza profesando la fe en la Iglesia «una, santa, católica y apostólica». Presenta la unidad eclesial como unidad de un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la vincula a la unidad de la fe, los sacramentos y la caridad. Para ilustrar esa unidad, recurre a imágenes bíblicas: el arca de Noé, la túnica inconsútil de Cristo y el único rebaño bajo un solo pastor.,,
En este marco, Unam Sanctam enseña que fuera de la Iglesia no hay salvación ni remisión de los pecados. La bula enlaza esa afirmación con la imagen de la Iglesia como cuerpo de Cristo y con la unidad de su cabeza.,
El primado de Pedro y del papa
Bonifacio VIII relaciona la unidad de la Iglesia con la autoridad de Pedro y de sus sucesores. Interpreta el mandato evangélico de Cristo a Pedro -«Apacienta mis ovejas»- como una encomienda que abarca el conjunto del rebaño. Desde esa perspectiva, la bula sostiene que Cristo es la cabeza de la Iglesia y que el papa, como vicario de Cristo y sucesor de Pedro, ejerce en ella el ministerio visible de unidad y gobierno.,
El documento vincula la pertenencia plena al rebaño de Cristo con la aceptación de la autoridad de Pedro y de sus sucesores. En su conclusión, declara que la sujeción al pontífice romano es necesaria para la salvación.,
Las dos espadas y los poderes espiritual y temporal
La bula desarrolla la doctrina medieval de las «dos espadas», es decir, de los poderes espiritual y temporal. Interpreta el pasaje evangélico en el que los apóstoles hablan de dos espadas como una referencia a ambas autoridades dentro del orden cristiano. La espada espiritual corresponde al ministerio de la Iglesia; la espada temporal la ejercen los reyes y sus agentes, pero, según el documento, para la Iglesia y bajo la dirección de la autoridad espiritual.,
Unam Sanctam establece, por tanto, una subordinación del poder temporal al espiritual. Atribuye a la autoridad espiritual una dignidad superior y sostiene que esta puede juzgar el ejercicio de la autoridad secular cuando no actúa rectamente. La bula distingue también los niveles de juicio dentro de la propia jerarquía eclesiástica: una autoridad espiritual inferior queda sometida a otra superior, mientras que el juicio sobre la autoridad espiritual suprema corresponde a Dios.