La Iglesia Católica mantiene lazos especiales con las Iglesias Orientales, que, aunque separadas, poseen verdaderos sacramentos, especialmente el sacerdocio y la Eucaristía, por sucesión apostólica. El Concilio Vaticano II reconoció la gran tradición litúrgica y espiritual de estas Iglesias, la naturaleza específica de su desarrollo histórico, sus disciplinas antiguas y su particular forma de expresar la enseñanza. Esta diversidad legítima no se opone a la unidad de la Iglesia, sino que realza su esplendor.
La Iglesia Católica y las Iglesias Orientales comparten la confesión común de los siete primeros concilios ecuménicos. Esto incluye los dogmas definidos en concilios como el de Nicea I y Calcedonia.
El Primer Concilio de Nicea (325 d.C.)
El Primer Concilio Ecuménico de Nicea, celebrado en el año 325 d.C., fue un hito en la historia de la Iglesia,. Convocado por el Emperador Constantino, buscó resolver la controversia arriana, que negaba la plena divinidad de Jesucristo,.
El concilio afirmó que el Hijo es consubstancial (homoousios) con el Padre, es decir, de la misma sustancia divina,,. Esta definición repudió el arrianismo, que sostenía que el Hijo ocupaba una posición intermedia entre el Padre y las criaturas, siendo una criatura superior pero no Dios por naturaleza. El Credo de Nicea, que todavía recitamos hoy, comienza con la expresión «Creemos» como signo de la comunión de todas las Iglesias y la profesión de la misma fe.
La fe de Nicea es la fe común de todos los cristianos, y el año 2025 marca el 1700 aniversario de su celebración, una oportunidad para enfatizar lo que une a los cristianos: la creencia en el Dios Trino, en Cristo como verdadero Dios y verdadero hombre, y en la salvación a través de Él.
El Concilio de Calcedonia (451 d.C.)
El Concilio de Calcedonia (451 d.C.) fue otro concilio ecuménico fundamental que abordó las controversias cristológicas. Definió que Jesucristo es una sola Persona en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. Es decir, perfecto en divinidad y perfecto en humanidad, consubstancial con el Padre según su divinidad y consubstancial con nosotros según su humanidad,.
Este concilio reafirmó el Credo de Nicea y el de Constantinopla, y condenó las herejías que intentaban dividir a Cristo en dos personas o confundir sus dos naturalezas en una sola,. La definición de Calcedonia es crucial para la comprensión católica de la encarnación, afirmando que cada naturaleza conserva su propiedad sin defecto, y que la divinidad no se altera por la compasión ni la humanidad se consume por la dignidad divina.
El Concepto de «Iglesias Hermanas»
La expresión «Iglesias Hermanas» se ha aplicado tradicionalmente a las Iglesias locales. Hoy, se utiliza para referirse a la relación entre la Iglesia Católica y las Iglesias Orientales, reconociendo la unidad que ya existe en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía. El objetivo declarado es restablecer la plena unidad en la legítima diversidad, recordando los siglos en los que vivieron como «Iglesias Hermanas» y celebraron concilios ecuménicos juntos.