La expresión hipostasis (del griego ὑπόστασις, «sustancia» o «realidad subyacente») se empleó en la Antigüedad para distinguir la realidad esencial de las apariencias. En el contexto cristiano pasó a designar la Persona de Cristo, distinta de la mera naturaleza1. Según la Enciclopedia Católica, la unión hipostática es «el misterio revelado de que en Cristo una Persona subsiste en dos naturalezas, la divina y la humana»2. El Concilio de Calcedonia definió que estas dos naturalezas están «unidas sin confusión, sin cambio, indivisiblemente y sin división» en una sola Persona del Hijo de Dios3.
«Christus est una persona divina subsistens in duabus naturis, una divina et una humana, quae non confunduntur nec separantur» (latín tradicional)4.
