El Concilio de Éfeso
El Concilio de Éfeso, celebrado en el año 431, defendió la unidad personal de Cristo frente a toda interpretación que separase excesivamente al hombre Jesús del Hijo eterno. Por esa razón confirmó para la Virgen María el título de Theotókos, habitualmente traducido como Madre de Dios.
María no es madre de la divinidad eterna del Hijo ni origen de su naturaleza divina. Es Madre de Dios porque dio a luz, según la carne, a la Persona divina del Hijo, que había asumido de ella una verdadera humanidad. La humanidad de Cristo pertenece al Verbo desde el primer instante de su concepción.
El Concilio de Calcedonia
El Concilio de Calcedonia, en el año 451, formuló la doctrina clásica de la unión hipostática. Confesó que Jesucristo es:
- Perfecto en la divinidad.
- Perfecto en la humanidad.
- Verdaderamente Dios.
- Verdaderamente hombre.
- Consustancial con el Padre según la divinidad.
- Consustancial con nosotros según la humanidad.
El concilio enseñó que las dos naturalezas están unidas en una sola Persona y una sola hipóstasis, sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación. La unión no elimina la diferencia entre la divinidad y la humanidad, sino que conserva las propiedades propias de cada una.,
Las cuatro expresiones de Calcedonia protegen simultáneamente dos verdades:
- Sin confusión y sin cambio: la divinidad no se transforma en humanidad, ni la humanidad en divinidad.
- Sin división y sin separación: Cristo no es dos sujetos personales, ni dos hijos, ni dos personas independientes.
Constantinopla II y Constantinopla III
El II Concilio de Constantinopla, celebrado en el año 553, rechazó la idea de una unión accidental entre Dios y el hombre Jesús. La unión hipostática no se parece a la unión entre dos personas mediante el afecto, la voluntad, la cooperación o el honor. La Iglesia confiesa una unión según la hipóstasis: la humanidad subsiste en la Persona del Verbo.,
El III Concilio de Constantinopla, celebrado entre los años 680 y 681, desarrolló las consecuencias de esta doctrina. Como Cristo posee dos naturalezas completas, posee también dos voluntades naturales y dos operaciones naturales: una voluntad y una operación divinas, y una voluntad y una operación humanas. Ambas actúan en perfecta armonía dentro de la única Persona del Hijo.,