Título y autor
El título procede de la oración de Jesucristo por sus discípulos en el Evangelio según san Juan:
«Que todos sean uno: como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17,21).
La encíclica fue promulgada por san Juan Pablo II, pontífice de la Iglesia católica entre 1978 y 2005. Su publicación ocurrió en el contexto de la preparación del gran jubileo del año 2000 y en continuidad directa con el impulso ecuménico del Concilio Vaticano II. El papa presentó la unidad cristiana como una responsabilidad particularmente vinculada al ministerio del obispo de Roma, sucesor del apóstol Pedro.1,2
Relación con el Concilio Vaticano II
Ut unum sint prolonga especialmente la doctrina del decreto conciliar Unitatis redintegratio, aprobado en 1964. Juan Pablo II considera que el ecumenismo no constituye una actividad marginal de la Iglesia, sino una consecuencia de la renovación conciliar y una dimensión permanente de su misión.
La encíclica recuerda que san Juan XXIII vinculó la convocatoria del Concilio con una renovación de la vida eclesial y con la apertura al diálogo con los demás cristianos. Al concluir el Concilio, san Pablo VI continuó este camino mediante el diálogo de la caridad con las Iglesias orientales, especialmente con el patriarcado ecuménico de Constantinopla. En ese contexto tuvo lugar la retirada recíproca de las excomuniones de 1054, gesto que favoreció la reconciliación de la memoria histórica.3


