El Concilio Vaticano II y la llamada a la unidad
El Concilio, a través de la Constitución Lumen Gentium y el Decreto Unitatis Redintegratio, afirmó que la unidad es una característica esencial de la Iglesia y que «la división entre cristianos escandaliza al mundo y daña la misión evangelizadora»2. Juan Pablo II tomó esa base conciliar para redactar una encíclica que actualizara y profundizara ese llamado a la unidad.
Publicación y recepción inicial
La encíclica se presentó en 1995, año que coincidió con la aproximación del milenio cristiano, y fue anunciada en la audiencia general del 17 de enero de 1996, donde el Papa resaltó la necesidad de «unirnos en la fe y en la caridad» y de abordar el primado del Obispo de Roma como obstáculo histórico a la plena comunión3. En los años siguientes, el pontífice reiteró su invitación al diálogo fraternal en diversas intervenciones, como la peregrinación al Monte Sinaí en 20004.
