El útero artificial pretende reproducir, mediante medios técnicos, algunas funciones del útero materno: protección, nutrición, intercambio de oxígeno y eliminación de residuos. Su finalidad sería sostener el desarrollo prenatal durante un periodo determinado.
Conviene distinguir dos modalidades:
Gestación artificial completa
La gestación artificial completa aspira a desarrollar un ser humano desde la etapa embrionaria hasta el nacimiento sin pasar por el útero de una mujer. Esta posibilidad permanece en el ámbito de la hipótesis científica; actualmente no existen úteros artificiales capaces de gestar seres humanos durante todo el embarazo.1,2
Esta modalidad transformaría radicalmente el modo humano de venir al mundo, pues separaría enteramente la gestación de la maternidad corporal.
Gestación artificial parcial
La gestación artificial parcial consistiría en trasladar a un feto, después de una parte del embarazo, a un dispositivo destinado a completar su desarrollo. Su finalidad principal sería salvar la vida del hijo o de la madre en situaciones médicas extremadamente graves.
Algunos autores católicos distinguen moralmente esta posibilidad de la gestación artificial completa. Consideran que un traslado terapéutico podría resultar lícito cuando el embarazo amenaza gravemente la vida de la madre o del niño y la intervención pretende salvar a ambos, no sustituir ordinariamente la maternidad.3


