Valdo y la conversión a la pobreza
El fundador del movimiento fue un rico comerciante de Lyon llamado Valdo o Waldes. Las noticias sobre su vida resultan escasas, aunque la tradición medieval relaciona su conversión con el deseo de conocer directamente la enseñanza bíblica y con una renuncia radical a sus bienes. Para facilitar la lectura de los Evangelios, solicitó su traducción a la lengua que comprendía el pueblo.1
Valdo distribuyó sus riquezas y comenzó a vivir como un predicador itinerante. Sus seguidores adoptaron un estilo de vida austero y recibieron diversos nombres: pobres de Lyon, pobres hombres de Lyon, pobres católicos-en un sentido inicial y no siempre oficial-, insabattati o sandaliati, por el uso de sandalias o calzado sencillo.1
Los primeros valdenses afirmaban que su movimiento conservaba la fe apostólica y que representaba la auténtica pobreza de la Iglesia primitiva. Algunas tradiciones posteriores llegaron a situar sus orígenes en tiempos de los apóstoles o del emperador Constantino. La investigación histórica rechazó esas genealogías legendarias y reconoció a Valdo como el verdadero iniciador del movimiento del siglo XII.1
El contexto eclesial y social
El valdismo nació en una época de intensa renovación cristiana. La expansión urbana, el desarrollo económico y el crecimiento de las ciudades habían creado nuevas necesidades pastorales. Muchos fieles deseaban una predicación más frecuente, una vida cristiana más exigente y un contacto directo con la Sagrada Escritura.
La situación del clero favoreció la aparición de movimientos de reforma. En numerosas regiones, los obispos concentraban sus esfuerzos en la administración temporal y la predicación pública resultaba poco frecuente. Inocencio III lamentó que el pueblo tuviera hambre del «pan de la vida» sin encontrar ministros capaces de ofrecérselo.2
El valdismo, por tanto, no surgió únicamente como una especulación doctrinal. También expresó una protesta contra la riqueza, la negligencia pastoral y la distancia entre algunos ministros y la vida del pueblo cristiano. Benedicto XVI explicó que los movimientos de pobreza medievales nacieron, en parte, de un deseo legítimo de autenticidad evangélica, aunque algunos acabaron situándose fuera de la comunión eclesial y defendiendo doctrinas incompatibles con la fe católica.3




