El movimiento valdenses emergió en el contexto de las tensiones sociales y espirituales del siglo XII, en una Europa marcada por el crecimiento urbano y el cuestionamiento a la acumulación de bienes por parte del clero. Pedro Valdo, un próspero mercader lyonés, experimentó una conversión radical alrededor de 1170, inspirado por el Evangelio y la vida apostólica. Vendió sus posesiones para distribuirlas entre los pobres y comenzó a predicar, atrayendo seguidores que adoptaron un estilo de vida itinerante y ascético.1
Inicialmente, Valdo buscó aprobación eclesiástica, solicitando permiso al arzobispo de Lyon, Guigues III, para predicar. Sin embargo, la Iglesia, preocupada por la predicación no autorizada de laicos, denegó la autorización en 1179, durante el III Concilio Lateranense. Los valdenses persistieron, dividiéndose en dos ramas: los pobres de Lyon (más radicales) y los pobres lombardos (algo más moderados). Esta desobediencia marcó su paso de movimiento devocional a disidencia organizada.2

