Intención correcta del ministro: «querer hacer lo que hace la Iglesia»
Para que un sacramento sea válido, no basta la exterioridad del rito. En la teología católica se exige que el ministro tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Esta formulación aparece con claridad en la reflexión teológica sobre la intención requerida para la validez sacramental: el único requisito por parte del ministro, en lo esencial, es que intente hacer lo que la Iglesia hace.
En el caso del bautismo, la Congregación para la Doctrina de la Fe explica que incluso personas no católicas pueden administrar un bautismo válido, porque el ministro verdadero es Cristo. Aun así, la validez depende de que la administración sea realmente el bautismo, es decir, que se haga con la intención de hacer lo que hace la Iglesia cuando se formula en nombre del Dios trinitario.
Materia y forma: fidelidad al rito sacramental
La Iglesia considera que un sacramento queda comprometido en su validez si se introduce un defecto esencial en la materia o en la forma. En el ámbito de las Órdenes sagradas, por ejemplo, se indica que, para la nulidad, la teología reconoce como causas principales el defecto de la forma o de la intención prescritas en el rito sacramental.
Esta idea, aplicada de modo general a toda la sacramentalidad, explica por qué la Iglesia presta tanta atención a cómo se celebran los ritos y a qué fórmulas se emplean.
El papel del magisterio y la vigilancia ante fórmulas dudosas
El Magisterio no trata estas cuestiones como meros debates teóricos. La Congregación para la Doctrina de la Fe, al responder sobre la validez de fórmulas bautismales, insiste en que la Iglesia no puede tolerar el uso de fórmulas que invaliden un verdadero bautismo, porque se trata de una realidad vinculada a la salvación. Por ello, urge a no minimizar el riesgo apelando a que «Dios remediará» fallos humanos.
En consecuencia, cuando existen dudas reales sobre la fórmula o el modo de celebrar, la Iglesia busca claridad para proteger la integridad sacramental.