La aparición de 1917
La tradición local sitúa el origen del Velo de Manoppello en la noche del 13 de mayo de 1917, fecha coincidente con la primera aparición de la Virgen María en Fátima a los tres pastorcitos. En Manoppello, un niño de 12 años llamado Carlo Giuliani habría recibido una visión de la Virgen, quien le pidió que recuperara un velo sagrado escondido en una caja de piedra en la iglesia parroquial. Al día siguiente, el velo fue hallado en dicho lugar, presentando una imagen casi invisible del rostro de Cristo.
Este suceso se enmarca en una leyenda según la cual el velo había permanecido oculto durante siglos en la iglesia de San Francesco d’Assisi. Tras su descubrimiento, fue exhibido públicamente y entregado al obispo de Catanzaro, quien lo custodió inicialmente. La narrativa enfatiza un carácter providencial, vinculándolo a eventos marianos del siglo XX.
Desarrollo de la devoción
Desde 1917, el velo ha ganado popularidad entre los devotos. En las décadas siguientes, se reportaron visiones milagrosas asociadas a él:
En 1994, un niño de 4 años en Italia afirmó ver la figura de la Virgen al contemplarlo.
En 2004, un menor de 3 años en Estados Unidos describió un rostro en el velo.
En 2015, una niña de 9 años en Estados Unidos relató una experiencia similar.
Estas testimonios han alimentado la peregrinación al santuario, especialmente durante la fiesta del Santo Rostro el 13 de mayo.

