El camino hacia la santidad en la Iglesia Católica es un proceso riguroso y multifacético que comienza con el reconocimiento de un «Siervo de Dios» y puede culminar en la canonización. El título de Venerable marca una etapa crucial en este viaje.
Inicio de la Causa: Siervo de Dios
El proceso de canonización se inicia con una petición a la Santa Sede por parte de fieles que conocen las virtudes de un difunto y creen que es un «Siervo de Dios»1. La fama de santidad o fama de martirio es el punto de partida, que surge de la convicción del pueblo de Dios sobre la integridad de la vida de una persona y su testimonio de Cristo2,3. Esta reputación debe ser espontánea, estable y duradera, resistiendo los cambios del tiempo y las modas, y produciendo efectos saludables en la comunidad cristiana2.
Una vez que se ha iniciado formalmente la causa, la persona es denominada «Siervo de Dios»3. Se lleva a cabo una investigación diocesana, conocida como el «proceso informativo», en la diócesis de origen del candidato. Durante este proceso, se recopilan pruebas sobre la vida, las virtudes y la reputación de santidad o martirio del Siervo de Dios4,1.
La Declaración de Virtudes Heroicas
Una vez que el proceso informativo diocesano ha concluido y los documentos han sido enviados a Roma, la Congregación para las Causas de los Santos examina la validez de las investigaciones realizadas por el obispo5. Si la causa se ha llevado a cabo según las normas legales, se asigna un Relator para preparar la Positio sobre las virtudes o el martirio5.
La Positio es un informe oficial que se somete a la discusión de consultores teológicos y al Promotor de la Fe (anteriormente conocido como «abogado del diablo»), quien presenta objeciones para asegurar la rigurosidad del proceso6. Después de varias reuniones (ante-preparatoria, preparatoria y general), si la mayoría de los consultores y cardenales votan favorablemente, se pide al Papa que firme un decreto solemne6.
Este decreto afirma que existe evidencia de las virtudes heroicas del Siervo de Dios6. Las virtudes heroicas se refieren a la práctica de las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad) y las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza), y sus virtudes anexas, en un grado excepcional7,8. La fe, por ejemplo, se manifiesta en la profesión externa de la fe, la observancia estricta de los mandamientos divinos, la oración, la devoción filial a la Iglesia, el temor de Dios, el horror al pecado y la penitencia8. Estas virtudes alcanzan el grado de heroicidad cuando se practican con perseverancia incansable, durante un largo período o bajo circunstancias tan difíciles que disuadirían a personas de perfección ordinaria8.
La Concesión del Título de Venerable
Cuando se ha llegado a una decisión favorable sobre el carácter heroico de las virtudes, el candidato recibe el título de Venerable1. Este título es otorgado judicialmente por el Papa, quien firma el decreto con su nombre de bautismo, no con el de su pontificado, según la costumbre6. A partir de ese momento, el «Siervo de Dios» es judicialmente llamado Venerable6.
Es importante destacar que el título de Venerable no es un paso que se obtiene automáticamente al inicio de la causa. Según la legislación de 1898, un Siervo de Dios no era titulado Venerable hasta que se aprobaban sus virtudes heroicas4.
