En el contexto católico, una reliquia se refiere a los restos corporales de un santo o beato, o a objetos que estuvieron en contacto directo con ellos o con Cristo1. La palabra ucraniana para reliquias, moshchi, que significa «fuerza» o «poder», subraya la creencia en el poder milagroso de Dios que se manifiesta a través de la fragilidad de la muerte humana2.
Tradicionalmente, las reliquias se clasifican en varias categorías:
Reliquias de primera clase: Son los cuerpos, o partes notables de los cuerpos, de los santos y beatos. Estos restos son considerados significativos porque fueron templos del Espíritu Santo y se espera que sean glorificados en la resurrección1,3.
Reliquias de segunda clase: Incluyen objetos que pertenecieron a los santos, como ropa, manuscritos o artículos personales1.
Reliquias de tercera clase: Se refieren a objetos que han tocado el cuerpo o la tumba de un santo, como aceites, telas o imágenes1.
Es importante destacar que las reliquias de los siervos de Dios y los venerables (cuyas causas de beatificación y canonización están en curso) no pueden recibir culto público hasta que sean elevados a los altares mediante la beatificación o canonización3.

