José, hijo preferido de Jacob
José era hijo de Jacob y de Raquel, la esposa predilecta del patriarca. Jacob lo amaba más que a sus otros hijos y le regaló una túnica especial, descrita como larga y con mangas. Este signo visible de preferencia agravó la hostilidad de sus hermanos, que ya habían experimentado el reproche de José por ciertas malas acciones.1
José contó además dos sueños. En el primero, las gavillas de sus hermanos se inclinaban ante la suya. En el segundo, el sol, la luna y once estrellas le rendían homenaje. Los sueños anunciaban simbólicamente una futura superioridad de José, pero sus hermanos los interpretaron como una pretensión de dominio y aumentaron su odio contra él. Jacob reprendió al muchacho, aunque conservó el asunto en su memoria.1
La narración presenta así una cadena de causas humanas: la predilección paterna, la rivalidad entre hermanos, la imprudencia juvenil de José y la creciente envidia. La Comisión Bíblica Pontificia interpreta este conflicto familiar como una violencia nacida dentro de una familia ya marcada por tensiones entre las distintas ramas maternas y por la preferencia de Jacob hacia Raquel y su hijo.2
José busca a sus hermanos
Jacob envió a José desde el valle de Hebrón para averiguar cómo estaban sus hermanos y los rebaños que pastoreaban. José los buscó primero en Siquén y después los encontró en Dotán, gracias a la indicación de un hombre que lo había visto vagando por los campos.1
Sus hermanos lo divisaron desde lejos. Antes de que pudiera acercarse, tramaron su muerte y lo llamaron despectivamente «el soñador». Querían matarlo, arrojarlo a una cisterna y explicar después a Jacob que una fiera lo había devorado.1
Rubén, el hermano mayor, rechazó el asesinato. Propuso arrojar a José vivo a la cisterna, con la intención secreta de rescatarlo más tarde y devolverlo a su padre. El plan de Rubén no llegó a cumplirse, porque su ausencia posterior permitió que los demás hermanos tomaran otra decisión.1
La cisterna y la túnica
Cuando José llegó junto a sus hermanos, ellos le quitaron la túnica que Jacob le había regalado y lo arrojaron a una cisterna vacía, sin agua. La túnica, símbolo de la predilección paterna y causa visible de la envidia, quedó separada de su dueño.1
Los hermanos actuaron con una frialdad particularmente cruel: después de arrojar a José al pozo, se sentaron a comer. La escena contrapone el sufrimiento del inocente con la indiferencia de quienes han convertido la violencia en un medio para resolver sus conflictos.
La decisión de venderlo
Mientras comían, los hermanos vieron acercarse una caravana procedente de Galaad y destinada a Egipto. Judá propuso sustituir el asesinato por la venta:
«¿Qué ganamos con matar a nuestro hermano y ocultar su sangre? Vamos a venderlo a los ismaelitas; al fin y al cabo, es nuestro hermano, nuestra propia carne».1
La propuesta no nace de una verdadera defensa de la dignidad de José. Judá evita derramar sangre, pero acepta convertir a su hermano en una mercancía. El cambio del homicidio por la esclavitud reduce el grado inmediato de violencia, pero conserva la injusticia fundamental: los hermanos disponen de la libertad y de la vida social de José como si les pertenecieran.
La venta tuvo lugar por veinte piezas de plata. Después, los comerciantes llevaron a José a Egipto.1
El engaño a Jacob
Los hermanos tomaron la túnica, degollaron un cabrito y la empaparon en sangre. Luego la enviaron a Jacob con una pregunta calculada: que reconociera si aquella prenda pertenecía o no a su hijo. Jacob identificó la túnica y concluyó que una fiera había despedazado a José.1
El patriarca rasgó sus vestiduras, vistió saco y lloró durante muchos días. Rechazó el consuelo de sus hijos y afirmó que descendería al lugar de los muertos junto a su hijo, conservando su duelo. Mientras tanto, los madianitas vendieron a José en Egipto a Putifar, funcionario del faraón y jefe de la guardia.1
El relato contiene una ironía dramática: Jacob cree que José ha muerto, mientras el lector sabe que continúa vivo, aunque reducido a la condición de esclavo. La túnica ensangrentada comunica una muerte falsa y oculta una vida sometida a una nueva forma de muerte social.

