Verdades eternas
En la teología católica, las verdades eternas se refieren fundamentalmente a la verdad divina, que es única, inmutable y eterna, identificada con la esencia misma de Dios. Esta concepción, desarrollada especialmente por santo Tomás de Aquino, distingue la verdad creadora y eterna de Dios de las verdades contingentes y mutables de las criaturas. La doctrina subraya que Dios es la fuente de toda verdad, como afirman el Catecismo de la Iglesia Católica y la Sagrada Escritura, y que los dogmas de fe, al expresar realidades reveladas, participan de esta inmutabilidad eterna. Este artículo explora el concepto desde sus raíces bíblicas y patrísticas hasta sus implicaciones en la moral, el dogma y la confrontación con errores modernos como el modernismo.1,2,3
Tabla de contenido
Concepto teológico de las verdades eternas
La verdad como atributo divino
La verdad eterna halla su origen en Dios, quien es Verdad subsistente. Según la enseñanza católica, Dios no solo posee la verdad, sino que es la Verdad misma, y su Palabra es infalible y eterna. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que «Dios es la fuente de toda verdad. Su Verbo es verdad. Su Ley es verdad». Esta afirmación se basa en la Revelación, donde se describe a Dios como aquel cuya fidelidad perdura por todas las generaciones.2,1
En este sentido, las verdades eternas no son meras proposiciones abstractas, sino realidades arraigadas en el ser divino. Toda verdad humana, ya sea natural o revelada, deriva de esta fuente primera e inmutable. La Escritura lo corrobora al afirmar: «La suma de tu palabra es verdad, y todas tus justas ordenanzas son eternas». De aquí se infiere que abandonarse a la verdad de Dios implica una confianza absoluta, pues sus promesas siempre se cumplen.1
Unidad de la verdad eterna según santo Tomás de Aquino
Santo Tomás de Aquino ofrece una explicación profunda en su Comentario a las Sentencias, donde sostiene que solo existe una verdad eterna: la verdad divina. Argumenta que la verdad se completa en el acto intelectual, fundamentado en la existencia real de las cosas. Dado que solo la existencia divina es eterna e inmutable, solo la verdad divina lo es también.3,4,5,6
Aquino responde a objeciones comunes, como la multiplicidad de proposiciones eternas (por ejemplo, «el Padre es Dios» y «el Hijo es Dios»). Para él, estas no constituyen verdades separadas, sino aspectos de la única verdad divina, multiplicada solo en su referencia a las realidades. Asimismo, refuta que las verdades proféticas o futuras impliquen múltiples verdades eternas, pues todas se reducen al intelecto divino único.5,7
En su Cuestiones disputadas sobre la verdad, Aquino profundiza: la verdad no puede generarse ni corromperse, pues antes de existir requeriría ya una verdad previa. Así, confirma la eternidad de la primera verdad, excluyendo verdades creadas eternas.7
Fundamentos bíblicos y magisteriales
Raíces en la Sagrada Escritura
La Biblia presenta a Dios como Verdad absoluta, opuesta al engaño del tentador. El origen del pecado radica en dudar de la palabra divina, que es siempre fiel.1 Salmos como el 119 exaltan la permanencia de las ordenanzas justas de Dios, mientras que textos como 2 Samuel 7:28 proclaman: «Tú eres Dios, y tus palabras son verdad».1,2
Esta verdad eterna se manifiesta en la Ley, que perdura a través de las generaciones, invitando al pueblo de Dios a vivir en ella.2
Enseñanza del Magisterio
El Magisterio ha reafirmado la inmutabilidad de las verdades reveladas. El Catecismo destaca que la ley natural es «inmutable y permanente a lo largo de las variaciones de la historia», subsistiendo bajo el flujo de ideas y costumbres.8,9 Constituye la base de las leyes morales y civiles.10
En la Professio fidei de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1998), se enumeran verdades de fe como los dogmas cristológicos, marianos, la presencia real en la Eucaristía o la infalibilidad papal, que pertenecen al depósito de la fe y son irreformables.11
Encíclicas como Iucunda Sane de Pío X insisten: «La verdad es una, y no puede partirse; dura para siempre, y no está sujeta a las vicisitudes de los tiempos».12
Dogmas como verdades eternas
Los dogmas católicos son expresiones de verdades reveladas, inmutables en su contenido objetivo, aunque su formulación lingüística pueda evolucionar. La Catholic Encyclopedia explica que, frente al modernismo —que niega su significado intelectual y permanencia—, la doctrina católica afirma que los dogmas son «verdades divinas inmutables». Ejemplos incluyen la Trinidad, la Resurrección o la fundación de la Iglesia.13
La Congregación para la Doctrina de la Fe distingue:
Verdades de fe directamente reveladas (Credo, dogmas sacramentales).
Verdades lógicamente conectadas (como precisiones sobre la infalibilidad papal).11
Estos dogmas obligan a la adhesión plena, manteniendo el vínculo de fe.13
Implicaciones en la moral y la ley natural
La noción de verdades eternas extiende su influencia a la ética. La ley natural, expresión de la ley eterna divina, es «inmutable» y «válida sustancialmente», incluso ante rechazos culturales.8,9 Encíclicas como Veritatis Splendor de Juan Pablo II vinculan libertad y verdad divina, respondiendo a interrogantes sobre el bien, el pecado y la felicidad eterna.14
En Fides et Ratio, se resalta la armonía entre fe y razón, promoviendo filosofías como la tomista para salvaguardar estas verdades.15
Confrontación con errores modernos
Contra el modernismo y el relativismo
Pío X en Iucunda Sane critica concesiones a la «ciencia falsamente llamada tal», que diluye la verdad eterna.12 La Catholic Encyclopedia refuta la idea modernista de dogmas mutables según el «espíritu de la época».13
Leo XIII en Depuis le Jour advierte contra filosofías erróneas que corrompen la fe.16 Pío X en Singulari quadam urge adherencia inviolable a los principios cristianos.17
Relevancia contemporánea
En la actualidad, las verdades eternas contrarrestan el relativismo, recordando que la verdad no evoluciona con las modas. Invitan a una vida conforme a la ley divina, base de la felicidad auténtica. La Iglesia, fiel al mandato evangélico, propone estas verdades para discernir el bien en un mundo confuso.14
En resumen, las verdades eternas católicas, centradas en la verdad divina única, iluminan la fe, la moral y la razón, exigiendo adhesión inquebrantable para la salvación.
Citas
Sección dos I. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 215 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Sección dos los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2465 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Distinción 19 – igualdad de las personas divinas, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, § I.D19 (1252). ↩ ↩2
Artículo 3 – si existen varias verdades eternas, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, § I.D19.Q5.A3 (1252). ↩
Pregunta 5 – verdad, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, § I.D19.Q5 (1252). ↩ ↩2
Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, § I.D19.Q5.A3.resp (1252). ↩
Sobre la verdad – ¿existe alguna verdad además de la primera verdad que sea eterna? , Tomás de Aquino. Cuestiones disputadas sobre la verdad, §Q. 1, A. 5 (1256). ↩ ↩2
Sección uno vocación del hombre vida en el espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1958 (1992). ↩ ↩2
Sección uno vocación del hombre vida en el espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1979 (1992). ↩ ↩2
Sección uno vocación del hombre vida en el espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1952 (1992). ↩
Juan Pablo II – Comentario doctrinal sobre la fórmula conclusiva de la professio fidei, Congregación para la Doctrina de la Fe. Fórmula a utilizar para la profesión de fe y para el juramento de fidelidad al asumir un cargo a ejercer en nombre de la Iglesia con la Nota doctrinal ilustrativa de la fórmula conclusiva de «Professio fidei» (1998). ↩ ↩2
Dogma, La Prensa Enciclopédica. Enciclopedia Católica, §Dogma (1913). ↩ ↩2 ↩3
Capítulo II – «no os conforméis a este siglo» (Rom 12,2) – la Iglesia y el discernimiento de ciertas tendencias en la teología moral actual – enseñar lo que corresponde a la doctrina sana (cf. Tit 2,1), Papa Juan Pablo II. Veritatis Splendor, § 30. ↩ ↩2
Capítulo V – Las intervenciones del magisterio en materias filosóficas – El interés de la Iglesia en la filosofía, Papa Juan Pablo II. Fides et Ratio, § 58 (1998). ↩
Papa Pío X. Singulari quadam, § 2. ↩
