La tradición presenta a Verónica como una mujer piadosa de Jerusalén que acompañaba a Jesús durante la Pasión. Al verlo agotado por el camino y maltratado por los soldados, se acercó y le ofreció un lienzo. Según la devoción tradicional, el rostro de Cristo quedó marcado en el paño como una imagen milagrosa.1,2
La explicación más difundida relaciona el nombre Verónica con la expresión latina vera icon, que significa «imagen verdadera». La expresión habría designado originalmente una imagen de Cristo y, con el tiempo, la imaginación popular la habría interpretado como el nombre propio de una mujer. Textos medievales emplearon fórmulas semejantes para referirse a la imagen del rostro del Salvador.1,3
Algunos estudios tradicionales relacionaron también a Verónica con la mujer que padecía hemorragias y que, según los Evangelios, tocó el manto de Jesús y quedó curada. Un antiguo texto apócrifo identifica expresamente a una mujer llamada Verónica con aquella mujer curada, pero esta identificación no pertenece al relato evangélico canónico.4,3



