La celebración de la Pasión del Señor en la tarde del Viernes Santo, generalmente alrededor de las tres de la tarde, consta de tres partes principales: la Liturgia de la Palabra, la Adoración de la Cruz y la Sagrada Comunión. Esta estructura se remonta a una antigua tradición de la Iglesia y debe observarse fiel y religiosamente.
La Liturgia de la Palabra
En el Viernes Santo, la Iglesia no celebra la Eucaristía para enfatizar que es imposible, en el día en que se consumó el sangriento Sacrificio de Cristo en la Cruz, hacer presente ese Sacrificio de manera incruenta en el Sacramento,. En su lugar, la Liturgia Eucarística es reemplazada por el impresionante rito de la adoración de la Cruz.
Durante la Liturgia de la Palabra, la comunidad eclesial medita el misterio de la muerte de Cristo a través de la proclamación del relato de la Pasión,,. Los textos de la Sagrada Escritura y las oraciones litúrgicas nos sitúan en el Calvario para conmemorar la Pasión y Muerte redentora de Jesucristo. Se lee la descripción detallada de Isaías sobre el «hombre de dolores», despreciado y rechazado, que cargó con el peso de nuestros sufrimientos. También se evocan los «grandes clamores y lágrimas» de Cristo, como lo menciona el autor de la Carta a los Hebreos.
La Adoración de la Cruz
El punto central de la liturgia del Viernes Santo es la Adoración de la Cruz,. La Cruz se presenta para ser adorada, no como un símbolo de muerte, sino como una fuente de vida auténtica y estandarte de esperanza para todos los que acogen su misterio con fe. Al adorar la Cruz, los fieles reviven el camino del Cordero inocente sacrificado para la salvación.
San Juan Crisóstomo observó que la Cruz, que antes representaba el desprecio y la condena, ahora es venerable y la esperanza de salvación. Se ha convertido en una fuente de bienes infinitos, liberándonos del error, disipando las sombras, reconciliándonos con Dios y transformándonos de enemigos a miembros de su familia. La Cruz es la destrucción de la enemistad, la fuente de la paz y el cofre de nuestro tesoro. El Papa San León Magno, en el siglo V, afirmó que la Cruz de Cristo es la fuente de todas las bendiciones y gracias.
La veneración cultual de la Cruz es especialmente adecuada para el Viernes Santo, aunque la piedad popular tiende a anticiparla a lo largo de la Cuaresma, donde cada viernes se dedica a la conmemoración de la Pasión del Señor,. Al contemplar al Salvador crucificado, los fieles comprenden más fácilmente el inmenso y justo sufrimiento de Jesús, el Santo e Inocente, por la salvación de la humanidad, y entienden el valor de su amor solidario y la eficacia de su sacrificio redentor,.
Sagrada Comunión
Después de la adoración de la Cruz, la comunidad recibe la Sagrada Comunión, consumiendo las especies consagradas reservadas de la Misa de la Cena del Señor del día anterior,. Aunque no se celebra la Eucaristía, la Comunión en el Viernes Santo tiene un significado particular, ya que el sacrificio de Cristo se ofrece por el perdón de los pecados de la humanidad. Es un momento para recordar las palabras de Jesús en la Última Cena: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados»,.
La Eucaristía, recibida en este momento de «paso» hacia el Padre, es la semilla de la vida eterna y el poder de la resurrección, como dijo el Señor: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día».